SEBASTIÀ VERD
Universitario busca trabajo. En cualquier demanda de empleo es lógico que se antepongan todos los méritos académicos para justificar una adecuada formación y poder acceder a un empleo en la mejor de las condiciones. Sin embargo, una positiva propuesta del gobierno central, y más concretamente de uno de los últimos ministros en llegar, Ángel Gabilondo, de Educación, puede acabar en auténtico fiasco. El ministerio abrió una línea de subvención para que los universitarios en paro pudieran hacer un máster de uno o dos cursos gratis para así aprovechar el tiempo y mejorar su currículum. Se creyó que iban a apuntarse más de mil, pero al finalizar el período de inscripción sólo lo habían hecho dieciocho. Visto lo sucedido, el plazo se ha alargado dos semanas más –hasta el día 16– por si hubiera rezagados o la propuesta no hubiera tenido la difusión necesaria.
En el caso de Balears, la UIB se hizo eco de la convocatoria y la divulgó pero tampoco aquí hubo una respuesta satisfactoria. El paro en las islas afecta menos a los universitarios que a otros colectivos con inferior titulación, pero precisamente por eso se podía esperar una mayor aceptación. Se requiere únicamente que el máster sea de una universidad española y que el solicitante se comprometa a devolver la matrícula si abandona los estudios, salvo que antes encuentre trabajo. La respuesta de los posibles interesados ha dejado boquiabiertas a las instituciones académicas, empezando por el mismísimo ministro, ya que disponer de un máster es algo, a partir de Bolonia, casi obligatorio para cerrar un ciclo formativo superior.
¿En qué se ha equivocado el ministerio? Es probable que las ofertas actuales de masteres no sean las más adecuadas o, por lo menos, que no se ajusten a las demandas de los sectores universitarios más afectados por el paro. En la UIB, por ejemplo, se ofrecen actualmente 29 masteres oficiales, con un coste que va desde los 1.300 euros –el de Filosofía o el de Formación del Profesorado– a los más de 3.000 euros el de Química Teórica. Teóricamente hay dónde escoger, pero ¿se adapta la oferta a la demanda real? La Universitat de les Illes Balears es una universidad que goza de cierto prestigio en investigación o que por lo menos está situada por encima de la media estatal –y así consta en el Ranking de Instituciones de Investigación– pero en cambio es una de las que, proporcionalmente, menos alumnos tiene. Una vez más nos encontramos ante el mismo dilema. El mercado laboral de las islas Balears, en líneas generales, no se caracteriza por exigir una formación de alto nivel, sino todo lo contrario. Tener un título universitario ayuda, pero no es una garantía para encontrar trabajo y de ahí que los jóvenes enfoquen su futuro hacia alternativas que, a su juicio, son más prácticas.
Ahora, precisamente, estamos asistiendo a una vuelta a las aulas de quienes no encuentran trabajo y han decidido matricularse en Formación Profesional. ¿Por qué no sucede lo mismo a nivel universitario? Ante el fracaso de la primera convocatoria, el gobierno prepara un plan para que las universidades oferten títulos propios que se consideren estratégicos para el desarrollo económico de cada comunidad. En definitiva, para que la Universidad no se encastille en sus campos y se entere de lo que pasa en la calle. O dicho de otro manera, para no empezar la casa por el tejado.