LOURDES DURÁN
Iba la mujer con el carro de la compra. Era primero de mes y acababan de ingresarle la nómina. Con la gula de la cuenta llena, se abalanza a las ofertas que ese día iban vestidas de una estrella naranja, muy vistosa, la verdad. Por delante, dos días de asueto, a cuento de los muertos primero y los santos después. Entre las ofertas con estrella, unos sombreros negros de pico y escobas. Decidió echarlos al carro. Aquella noche, estaba invitada a una fiesta de Halloween. Ser bruja le apetecía.
En el mismo supermercado, paseaba una pareja adolescente. Vestidos con similar indumentaria, sus ojeras retocadas delataban pocas horas de sueño. Buscaban los productos estrella. Ellos no tenían la cuenta gorda pero sí la misma gula que la señora del carrito. Por poco dinero, pudieron hacerse con dos calabazas agujereadas. Ellos también se apuntaban a Halloween.
Un hombre de mediana edad, con una barriga cervecera, dudaba entre echar al carro un potaje preparado o una bandeja de sushi. Tenía cita con la vecina, quien por fin, tras mucho insistirle había decidido cenar con él. La ocasión merecía algo más sofisticado, así es que apartó el potaje y metió el pescado crudo en el cesto. Pasó muy cerca de unas velas rojas. Llevaban la escarapela de producto en oferta. ¡Así quedaré mejor! Y las echó también.
Una abuela compró un tiesto de crisantemos de oferta en el hipermercado. Se echó a llorar, sin que ni la señora de la escoba, ni la ojerosa pareja de la calabaza, ni el barrigón con las velas rojas se dieran cuenta. Todos estaban en la cola para pagar. Como ellos, aquel sábado por la tarde, centenares de personas iban a honrar a la muerte. Unos desde tradiciones ajenas, otros con velas rojas de difuntos que serían perfectas para una cita de ¿enamorados? Sólo la vieja, abrazada al humilde tiesto de crisantemos cumpliría el rito de recordar a sus muertos. Sin más, sin disfraces, sin ardides. Como aprendió de sus padres.
Hoy se rinde culto a la muerte como un eslogan publicitario. Algunas llevan la estrella de producto en oferta. Pero todas duelen, todas nos dejan perplejos. Por eso, todos, de una u otra manera, la disfrazaremos con el rito de moda.