PILAR GARCÉS
Cuando el actor Hugh Jackman fue declarado por la revista People el Hombre más Sexy del Mundo en el Año 2008, le inquirieron sobre cómo se lo había tomado su mujer. "En cuanto me lo comunicaron fui corriendo a explicárselo y me contestó: ´¿De veras? Pues coge ese cuerpo tan sexy y llévatelo a sacar la basura´", ironizó modesto el manso Lobezno. El fin de semana pasado, uno de los programas de televisión más famosos de Estados Unidos, el de Jay Leno, contaba con una entrevistada de lujo: Michelle Obama. Interrogada por las confidencias que comparte con su marido después de que éste pronuncie algún discurso trascendente, la primera dama afirmó que "por lo general le pregunto si se ha acordado de sacar la basura". Vaya. Debe producirse una concurrencia de tíos fascinantes junto a los contenedores norteamericanos todas las noches. Habrá que darse una vuelta por allí para ver qué se cuece. Con traje de lentejuelas y taconazo, eso sí, que a Bob Dylan lo detuvo la policía por pasear por la calle en New Jersey con aspecto desaseado.
Aunque tal vez los más grandes entre los grandes disimulan, y nos mienten como bellacos para que no nos vayamos a creer que son distintos a nosotros, una idea que subleva a cualquier contribuyente y/o espectador y le predispone a la contra. Todos con los mismos derechos y obligaciones, y sometidos al tacón de su señora, no sea que el planeta deje de girar sobre su propio eje. Me imagino al Nobel de la Paz Barack con su bolsa de desperdicios en la mano, recorriendo kilómetros de pasillos en la Casa Blanca camino de cubo, rodeado de guardaespaldas que se van soplando por el pinganillo: "La libertad avanza hacia su objetivo", como en las películas. Así todas las tardes, con un despliegue de seguridad que costaría el equivalente al Producto Interior Bruto de un pequeño país africano. Se debe montar un gabinete de crisis cada vez que el meritorio ciudadano se va de visita oficial una semana a Oriente y se le acumulan las papeleras llenas.
En fin, que el mundo está preparado para que la Primera Potencia tenga un presidente negro, pero no para que su esposa parezca inteligente. Michelle Obama lo es, no me cabe ninguna duda, pero no lo puede demostrar para no caer tan mal como Hillary Clinton. De manera que le prohíben decir: "Pues depende del contenido del discurso. En ocasiones Barack y yo hablamos de la cobertura sanitaria universal, pero otras veces del atolladero que supone Afganistán, de los bonos basura, de la pena de muerte o del fiasco de la industria automovilística..." Ha de dejar claro que ella se ocupa de lo que se ocupa, y explicar chorradas sobre los disfraces Halloween de sus hijas (no de las de Zapatero) o sobre la fiesta de cumpleaños del perro presidencial.
No hace mucho, en la campaña electoral de su marido, Michelle nos encandilaba con un discurso propio y perfectamente articulado sobre los problemas reales de Estados Unidos. Ignoro a dónde ha ido a parar su personalidad. Lo mismo Barack la vio por allí tirada y en desuso, y la arrojó por error a la basura una noche que tenía la cabeza en otro lado: en Corea, en Irak, con la gripe A, quién sabe.