SEBASTIÀ VERD
Los dos días de duelo declarados por el Govern y el ayuntamiento de Palma es lo mínimo que se podía hacer, aunque no sirvan para paliar el dolor de los familiares de los nueve muertos en una noche trágica para la ciudad, en la que se hundió una casa de tres pisos en el Camp den Serralta y ardió un piso en el Molinar. Dos barrios de lo que podría llamarse la periferia social de la ciudad –y de ahí que Antich hable de "tragedia social"– que sin ser marginales, nacieron y se han consolidado como refugio de ciudadanos sin grandes recursos, de pequeños propietarios o familias, como parece ser el caso de las víctimas del derrumbe, que estaban de alquiler y, también, de inmigrantes. Los hechos han conmocionado y asustado a una ciudad que se desconoce y que, ahora, se pregunta por qué tantos muertos, por qué la tragedia se ceba la mayoría de las veces sobre personas humildes.
La pregunta inevitable es si el hundimiento del Camp den Serralta podría haberse evitado. Los vecinos han declarado que el edificio tenía grietas y que un local de los bajos estaba descuidado, tras haber sido, hace años, una lechería de barrio. Este barrio surgió tras la guerra en lo que eran las afueras de la ciudad, con casas de planta baja que, con el tiempo, dieron paso a casas de pisos. Palma empezaba a recibir inmigrantes y faltaban viviendas. Se construía en precarias condiciones. El Colegio de Arquitectos dice que, probablemente, no se utilizaron técnicas adecuadas, pero nadie pensaba que el edificio pudiera desmoronarse. En el Ayuntamiento no tenían registrada ni una sola queja o reclamación y, como "sólo tenía cincuenta años" no tenía que pasar, todavía, la Inspección técnica. Por ahora sólo los edificios centenarios tienen obligación de pasar esta especie de ITV.
De momento no se conocen las causas de la tragedia, ni del derrumbe de Rodríguez Arias ni del incendio del Molinar. ¿Abandono, falta de mantenimiento, descuido? Los técnicos oficiales las están estudiando a la búsqueda de posibles responsabilidades y, sobre todo, para prevenir accidentes semejantes. Es lo que queda tras el eco de la tragedia: las voces que reclaman medidas para evitar que se reproduzca. Es lo que pide la Asociación de Vecinos de Camp den Serralta, que denuncia cómo el barrio se va degradando. Cómo una ciudad como Palma ha crecido sin control o sin suficientes controles. En 1959, año en que se construyó el edifico, Palma había iniciado su expansión, pero apenas sobrepasaba los 150.000 habitantes. Ahora, de hecho, se acerca el medio millón. Y barrios como Camp den Serralta son mayoría.
Palma creció mucho en muy poco tiempo y la construcción de su, digamos, ensanche, no fue precisamente modélica. Casas baratas por una parte y degradación de los barrios ya existentes por otra, han llevado a la situación actual. La responsabilidad, en términos generales, es del Municipio, pero la responsabilidad concreta de mantener y revisar los edificios es de los propietarios. Pero hacerlo es caro… Aunque si no se hace hay que denunciarlo. Las denuncias por ruina o por cualquier anomalía que sea peligrosa, y la intervención pública, deben llegar antes de que se produzcan las tragedias. Claro que entonces no serían tragedias y se evitaría tener que decretar días de luto para tranquilizar las conciencias.