CAMILO JOSÉ CELA CONDE
La democracia consiste, entre otras cosas de carácter más formal, en la existencia de unos medios de comunicación críticos con el poder. La afirmación puede darse por canónica y es de esperar que esté cada curso en boca de cualquiera de los profesores que enseñan grados, masteres y doctorados de periodismo o, ya que estamos, de ciencia política. Pero lo que no dice esa verdad tenida por absoluta es en qué consiste el contenido de la crítica. ¿Es garantía democrática el que exista ésta, sin mas?
Una simple ojeada al caso tremendo del primer ministro italiano podría llevar a la respuesta afirmativa, sin necesidad de ningún matiz. Lo que sucede con Berlusconi como dueño de cadenas de televisión, revistas y diarios que, por esa misma regla de tres, son sumisas con el poder cuando lo ostenta Il Cavallieri, es de vómito. El asunto sería bufo de no mediar la circunstancia de que, gracias a esa manipulación interesada, Berlusconi ha sido capaz de hacerse con el gobierno italiano en distintas ocasiones. El ejemplo parece ser de suficiente altura como para que quepa exigir una prensa independiente y crítica. Pero, ¡ay!, semejante panacea no es fácil de lograr. Ni siquiera en los países que pasan por ser el paradigma mismo de la democracia parlamentaria.
El caso de Obama sirve de contraejemplo para la tragicomedia de Berlusconi. Se trata del acoso al primer presidente mulato del país norteamericano por parte de la cadena Fox, una operación muy bien orquestada de disparates como el de acusar a Barak Obama de comunista, maoísta si se quiere precisar más, y antiamericano. El pecado mayor que cabe imaginar en un país que tiene en el patriotismo su virtud más excelsa.
La postura de la Fox es crítica, sí, pero está muy lejos de ser independiente. Sigue a la perfección las doctrinas de los grupos de poder que se ven amenazados por la política de Obama, como el proyecto de dar cobertura sanitaria pública a los ciudadanos estadounidenses, por ejemplo. Una seguridad social es, como a pocos se les puede escapar, una amenaza para los gigantescos negocios de la salud. Lo es en Estados Unidos y lo es en España, aunque en nuestro país el asunto transcurra al revés. Políticos como la presidenta de Madrid hacen lo posible y lo imposible –incluyendo denuncias y pleitos repugnantes como el que se urdió contra el servicio de urgencias de Leganés– con el propósito obvio e desmontar el servicio público de salud.
¿Cabe llamar crítica e independiente a una prensa que dispara contra el poder político las balas suministradas por el poder económico? No creo que nadie que conozca, aun por encima, lo que hay tras la Fox pueda ignorar la respuesta si estamos hablando de legitimidades democráticas. Pero la historia tiene su correlato doméstico en este reino de España, y con fáciles sistemas de prueba. Repásese qué prensa apoya a la señora Aguirre, incluso en contra del teórico líder de la derecha, Rajoy, y se tendrá la evidencia.