MATÍAS VALLÉS
Una catástrofe es una tragedia sin culpables, lo cual no impide sonsacarle conclusiones. Por ejemplo, la ciudad se vuelve contra sus habitantes y entierra a siete de ellos en sus domicilios. El derrumbamiento de un edificio en Palma no es una colisión fortuita, dependiente de una superposición de casualidades en un instante determinado. El desplome se cuece lentamente, tras arduos preparativos. Por lo mismo, un accidente de tráfico sólo puede evitarse un segundo antes de que se desencadene. En cambio, la caída de una casa pudo combatirse durante años de desidia latente. No se trata de dilucidar la responsabilidad de Cort, proyectada a los mandatos precedentes, sino de revisar las prioridades de un ayuntamiento.
En Mallorca han muerto once personas en un año por derrumbes, el triple de la media estatal. La singularidad carece de efectos normativos, pero la sensibilidad exacerbada en una ciudad que se torna amenazante nos remite a las secuelas de la orgía urbanística. La construcción es aquí sagrada. Precede al factor humano, sólo un edificio decide cuando se acabó su tiempo, caiga quien caiga. En la zona cero de Palma, esta religión inmola una casa y la deja patas arriba, eviscerada. La cotidianeidad queda despanzurrada, la violación de la intimidad se delata en la bañera por los suelos que alguna víctima utilizaba poco antes.
La corrupción y las catástrofes convergen en el fracaso de los mecanismos de intervención y de inspección, tan caros para el contribuyente. Si la tragedia de Palma redunda en la invención de nuevos mecanismos de exacción, no se ha aprendido nada. Cort tiene que aguijonear sus recursos, y conseguir que algún funcionario vea las grietas que los supervivientes señalaban en el preciso instante del desplome. El ayuntamiento no puede refugiarse en la necesidad de una denuncia para justificar su pasividad burocrática, esa doctrina lo está llevando a la ruina. Municipal rima con elemental, sin la lacra de estudios y asesores. Todo ello, la noche en que Aina Calvo descubrió en qué consiste ser alcaldesa