PEDRO VILLALAR
Es tan habitual la sinrazón política surgida de la defensa de intereses espurios que ya no nos sorprende el espectáculo. Pero la opinión pública no puede evitar su irritación al ver cómo la segunda caja de ahorros del país, afectada como todo el sistema financiero por la crisis, está siendo escenario de una descomunal batalla por la presidencia de la institución. Batalla en la que no cuentan los méritos de los candidatos sino el poder de sus familias políticas, la confrontación entre partidos y las pugnas en el interior de las organizaciones.
La irritación se convierte en indignación cuando se observa que, entre los mencionados, quien hasta ahora merece más explícitos apoyos políticos es un personaje al que no se conoce experiencia alguna en el sector. Sus méritos provienen exclusivamente de la solidez de sus vínculos políticos. Así las cosas, el predominio de los pequeños intereses particulares sobre el interés general se vuelve escandaloso.
Los políticos que protagonizan estos forcejeos pagarán por ello, que nadie lo dude. La apatía colectiva les permite pensar que saldrán impunes del atentado, pero yerran: la serena ciudadanía de este país les pasará factura a su debido tiempo, sin alharacas pero con la debida contundencia. Ya lo verán.