PEDRO VILLALAR
Uno, en su incorregible ingenuidad, llegó a pensar que el debate sobre el aborto, que desembocó en la manifestación de los antiabortistas el pasado sábado, tenía un fundamento ideológico y moral de altura. En otras palabras, que, frente a los que pensamos que es plausible que la normativa española sobre esta cuestión se aproxime a las pautas de los grandes países europeos, un sector de opinión cree, apoyándose en argumentos que son en todo caso respetables, que el germen de la vida humana debe salvaguardado sin excepciones desde el momento de la concepción. Es muy probable que este dilema ontológico esté instalado en la sociedad civil, en la que, de buena fe, cada ciudadano defiende sus tesis. Pero acaba de descubrirse que en modo alguno ocurre otro tanto en la superestructura política, en el terreno de los grandes partidos políticos. Así, a pesar de que muchos miembros relevantes del PP acudieron a la mencionada manifestación, una alta representante de ese partido, asaeteada a preguntas por los periodistas, ha reconocido que sí, que cuando el PP llegue al poder… impedirá que las niñas de 16 y 17 años puedan abortar sin conocimiento paterno. Si ésta es la única discrepancia, resulta muy difícil no calificar de hipócrita el disenso.