JOSÉ E. IGLESIAS
El porqué Antich y la rediviva Munar no apagaron los fuegos del Consell que encendían las continuas y estentóreas fricciones entre Francina Armengol y los consellers uemitas antes de que explotara la crisis es algo que se me escapa. No tengo ninguna duda de que en una sentada lo hubieran resuelto. Posiblemente haya mucho de reproches al socialista por la actuación de la fiscalía. Posiblemente haya algo de reafirmación de liderazgo interno en quienes tienen sus carreras políticas amortizadas. Ahora que toca hacer balance del desgobierno, digamos que ambos han ganado en prestigio en sus respectivos partidos, en detrimento de sus vástagos, los actores del culebrón. Otra cosa es lo que piensan los votantes.
La figura más afectada es la presidenta Armengol, que sale a todas luces debilitada, hacia adentro y hacia afuera. Tres consellers de UM le rompieron el gobierno, paralizaron su institución dos semanas, le aprobaron en Pleno una censura a su televisión y le sacaron lo que llevan tiempo reclamando: más poder. Más poder en la gestión del gasto de las áreas controladas por UM y más poder en la Comisión Insular de Urbanismo, donde se alzan con el voto decisivo. Ahí es nada. Todo lo demás es cartón piedra, decorado, empezando por el falso brindis al compromiso para acabar la legislatura, que, cabe recordar, ya habían adquirido en 2007 con la firma del Pacto. Digo falso brindis porque efectivamente acabarán la legislatura, pero –estrategia electoral manda– como el rosario de la aurora, ante la mirada complacida de un PP incógnito.
¿Y qué hay de la gobernanza y la responsabilidad? Ambas quedan en el aire. En urbanismo, el Plan Territorial de Mallorca se presenta ante la ciudadanía como una norma anómala marcada por las sospechosas áreas de reconversión territorial, que habiendo podido ser una figura de compensación de los desequilibrios económicos y medioambientales, derivó en un ejemplo de cambalache impresentable. Aunque se retirarán algunas, quedarán las suficientes para que este país no pierda la escarapela de urbanismo concertado que lo define. Lo del golf de Son Baco, la excusa que no cesa, el decorado que más réditos ha aportado a UM gracias a la impericia de altas esferas socialistas.
¿Y la responsabilidad, la reducción de cargos y el ahorro en el gasto reivindicados? Mientras haya una decena de imputados judicialmente gestionando nuestros impuestos y mientras la izquierda y el nacionalismo también se derritan ante la seducción del poder, poco hay que añadir. Urbanismo, poder y corrupción, los tres demonios que tan habitualmente se unen en coyunda ante nuestros impávidos ojos. El primero es el segundo. El tercero, la recurrente tentación.
Es la visión que queda del ´cap de fibló´ que acaba de sufrir nuestro gobierno insular, que ha conseguido aunar en la crítica y el espanto, de manera insólita, a toda la opinión pública y también la publicada.
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