CATALINA SUREDA GARCÍA (*)
En la celebración anual del Día en pro de la salud mental se propone resaltar los vacíos y carencias que existen en la actual red pública de atención a las personas con enfermedad mental en Balears.
Así, mientras que en 2006 es presentado el Plan Estratégico de Salud Mental por la conselleria de Sanitat, en octubre de 2009 se sigue esperando el Plan de Actuación que quedó pendiente, donde se debe concretar la puesta en marcha de las diferentes intervenciones ya propuestas en salud mental.
Las prometidas subvenciones a las asociaciones, que con demostrada eficacia y profesionalidad, se encargan de cubrir las necesidades de integración comunitaria (ocio, trabajo, ocupación del tiempo libre…), todavía no han recibido respuesta por parte de la administración pública. Las ayudas económicas no son estables y dependen de presupuestos arbitrarios. Y esto desestabiliza el trabajo realizado y repercute negativamente en la atención que los pacientes y sus familiares necesitan.
A veces, lo más efectivo es también lo más sencillo y accesible. Las familias y los enfermos tienen mucho que decir. Ambos comparten una vida en sociedad, y ambos se encuentran sin voz (sin posibilidad de manifestarse, con el foro de salud mental suspendido) reclamando un apoyo más próximo, temprano y asequible.
La demanda de la población de personas con enfermedad mental y sus familias es clara y apunta a la creación de empleo adaptado, vivienda digna y una fundación tutelar pública que vele por sus derechos legales. Los profesionales reconocen estas necesidades y consideran que todo ello es, hoy por hoy, insuficiente en nuestra comunidad.
Además, son escasos los programas de prevención en salud mental, de reducción del estigma, programas de tratamiento específico para determinadas patologías, equipos comunitarios, mejor organización de los recursos humanos y materiales disponibles, etc… Sabemos que la crisis limita la inversión económica pero tal vez sea más útil la reorganización inteligente de lo ya existente.
Los resultados de la investigación de los últimos años demuestran la necesidad de evaluar específicamente cada caso para plantear una intervención adaptada a sus necesidades. Este debería ser el procedimiento esencial para que la medicación neuroléptica no se utilice durante demasiado tiempo ni a dosis demasiado altas, ni paralice la capacidad de la persona para aprovechar sus logros anteriores, aprender otros nuevos y descubrir posibilidades de reorganización y desarrollo psicológicos. Como dijo Johan Cullberg, eminente clínico que trabaja desde hace décadas en la atención a la salud mental, en 2006: "Pregúntate a ti mismo cómo habrías tratado a un familiar directo si hubiese sufrido un primer episodio de psicosis". Los fármacos son necesarios, pero las posibilidades de desarrollo humano han de venir de la mano de intervenciones psicoterapéuticas y psicosociales.
La experiencia y la evidencia científica han demostrado que la vida en la comunidad de las personas con enfermedad mental es posible con los apoyos adecuados. La reforma psiquiátrica de los años 80 es considerada un gran avance en el tratamiento de la persona con trastorno mental grave, y la tendencia hospitalocéntrica de dotación de recursos que estamos sufriendo en Balears es un ataque contra la evidencia demostrada durante más de veinte años. Lamentablemente, desde ciertas instituciones que velan por la salud mental de los ciudadanos, se considera que una enfermedad mental es motivo suficiente para recibir una atención hospitalaria asistencial irremediablemente de por vida.
Ante este panorama nos preguntamos: ¿cuándo la salud mental va a ser una prioridad?, ¿cuándo la salud mental va a estar de moda?, ¿cuándo, como dice el lema de la OMS de este año, va a estar "al alcance de todos"? Las prioridades cambian en función de parámetros poco claros. Este otoño, la gripe satura los contenidos de los discursos políticos. La gripe, aún siendo estacional, caduca al ritmo de los medicamentos que con urgencia y gran presupuesto económico se desarrollan. La enfermedad mental, que sigue causando gran parte de las bajas laborales, no es objetivo prioritario de la inversión pública.
Los familiares y afectados, las asociaciones y los profesionales, empiezan a mostrar síntomas de agotamiento para los que la única vacuna efectiva será que la salud mental sea tratada con respeto y dedicación.
(*) Presidenta de la Asociació Balear de Salut Mental (ABSM)