ANTONIO PAPELL
La presidenta Aguirre ha reaccionado con prontitud tras hacerse pública una parte del sumario madrileño del "caso Gürtel", como ya hiciera tras el pasado febrero, tres días después de la detención de Francisco Correa por el juez Garzón. Si entonces destituyó fulminantemente al consejero Alfonso López Viejo y suspendió de militancia a todos los miembros del PP madrileño que resultaron imputados, ahora ha exigido el acta de diputado regional al propio López Viejo así como a Benjamín Martín Vasco y Alfonso Bosch. Como los tres se han negado a abandonar el escaño, han pasado a formar parte del Grupo Mixto, en espera de que una reforma del reglamento de la Cámara los convierta en diputados no adscritos. Asimismo, ha reclamado el acta de concejal a los ex alcaldes de Boadilla y Pozuelo, que también dejan sus respectivos grupos municipales, y el segundo, también la corporación.
Resultaba evidente que la celeridad con que la presidenta madrileña depura su organización de personas sobre las que recae la sospecha de una grave responsabilidad –política y penal– contrastaba con la inacción del presidente Camps en Valencia y, sobre todo, con la abúlica pasividad del presidente del partido, Rajoy. En consecuencia, desde que se produjo el anuncio de las medidas madrileñas se hizo evidente que Génova preparaba un golpe de efecto, que ayer se materializaba con el anuncio progresivo de la decisión de Camps de prescindir de su número dos, Ricardo Costa, hasta ahora secretario general del PP valenciano, con su explícita oposición y la de su hermano, Juan, ex ministro de Aznar. No hace falta decir que esta medida, plausible y oportuna, que cercena una de las excrecencias más indecorosas de la trama, constituye también el reconocimiento de las graves irregularidades cometidas por políticos populares en relación con la conexión valenciana de "Gürtel".
Cuando arreciaron las presiones para forzar tal destitución, Ricardo Costa ya expresó su negativa a "comerse él sólo el marrón". No le ha servido de nada su intento de resistencia, que sin embargo tiene algún fundamento: el informe policial que ha sido decisivo para que Camps saliera de su inacción señala a Costa como uno de los principales protagonistas del desaguisado, pero está en una muy nutrida compañía de personajes que, como mínimo, tienen la misma responsabilidad que él en el entuerto. En definitiva, Costa puede convertirse fácilmente en la primera de una larguísima hilera de fichas de dominó que se desmoronen sucesivamente. Si Costa merece el relevo, en su mismo lugar están otros muchos, y quién sabe si el propio Camps. De cualquier modo, es incuestionable que Rajoy ya no podrá esgrimir a partir de ahora el argumento de que no cabe tomar decisiones drásticas contra quienes no están imputados en ningún proceso.
Rajoy ha decidido, en fin, abrir la veda en el sector valenciano del "caso Gürtel". La apatía temperamental y la pereza de espíritu que se le atribuyen a Rajoy, y que no son precisamente dotes apropiadas para un gobernante, empiezan a desmentirse con los hechos. Pero no puede acabar aquí la cirugía. Queda mucho por hacer para que el PP recupere la compostura y la capacidad de hacer verdadera oposición.