EDUARDO JORDÀ
Roman Polanski ha hecho grandes películas, algunas grandísimas. Su Macbeth, por ejemplo, es una obra maestra que supera a Orson Welles. Y también lo son sus primeras películas en blanco y negro, tan raras, tan asfixiantes, que se llamaban El cuchillo en el agua o Cul-de-sac. Y luego están sus grandes obras, La semilla del diablo o Chinatown o Tess, que le dan derecho a mirar con cierta condescendencia a todos los directores que han venido después. En el mundo del cine, Polanski es el equivalente a un Milosz o un Bellow. Es uno de los grandes, y eso no tiene discusión, a pesar de que lleve veinte años haciendo películas flojas.
El pianista no es una mala película, pero tampoco es la obra colosal que uno se espera de alguien que vivió el Holocausto en el gueto de Cracovia. Y es que Polanski tenía 10 años cuando vio avanzar por la calle a una columna de judíos vigilados por soldados alemanes. Uno de aquellos judíos era su padre. El niño se acercó y se puso a caminar a su lado. Su padre hizo como que no lo veía. "Lárgate", le gruñó. El niño obedeció y logró salvarse. Pero su padre terminó en Mauthausen (y sobrevivió). Su madre, en cambio, fue enviada a Auschwitz. Y no regresó.
James Salter, que conoció bien a Polanski y lo retrató en sus memorias, se preguntaba si una persona que se había salvado de una forma tan milagrosa, y que después había llevado una vida tan suculenta (mujeres guapas, hoteles de lujo), no tendría que pagar un precio muy alto por aquellos privilegios. Y Polanski lo pagó. En agosto de 1969, Charles Manson y sus amigos irrumpieron en la casa de Polanski en Los Ángeles. Polanski estaba en Londres, pero en la casa estaba su esposa, Sharon Tate, con unos amigos. Sharon Tate estaba embarazada. Manson era un hippy chiflado que soñaba con desencadenar una revolución universal cometiendo una serie de asesinatos rituales de "cerdos burgueses". Cuando la "familia" de Manson se fue de la casa, había un tenedor clavado en la tripa de una de sus víctimas, y alguien había escrito con sangre las palabras Helter Skelter en la nevera. Helter Skelter era una canción de los Beatles que significa "caos". Charles Manson soñaba con montar una banda de rock. También Hitler había querido ser pintor de paisajes.
Polanski siempre se sintió culpable del asesinato de su mujer. Tendría que haber estado allí, al menos para morir con ella. Pero no estaba, igual que tampoco estuvo en la fila de judíos detenidos en el gueto de Cracovia. Y en 1977 ocurrió el hecho que ahora ha provocado su detención en Suiza. En la mansión de Jack Nicholson, en Los Ángeles, Polanski tuvo relaciones sexuales con una chica de trece años. Eso es un delito según las leyes de California, y ese delito es lo único que está claro en esta historia. A partir de ahí, todo son conjeturas. No hay testigos y sólo tenemos la palabra de la chica contra la palabra de Polanski. Según la acusación (sustentada en la versión de la chica), Polanski la emborrachó con champán y le dio tranquilizantes, y después la violó. Polanski nunca negó las relaciones sexuales, aunque sí la violación. Pasó dos meses en la cárcel hasta que fue puesto en libertad condicional. Más tarde, su abogado llegó a un acuerdo económico con la chica para que retirara la denuncia. Pero el dispositivo judicial no se detuvo. Y cuando iba a ser juzgado, Polanski huyó de los Estados Unidos.
Conviene añadir que Polanski fue denunciado por la madre de la niña, que había permitido que su hija fuera sola a la casa de un adulto de 44 años que quería hacerle fotos para Vogue. La actitud de la madre, cuando menos, fue de una irresponsabilidad clamorosa, igual que lo fue la de Polanski. ¿Por qué dejó que su hija fuera sola a hacerse fotos? ¿Por qué no se negó a una propuesta así? Y las mismas preguntas, que conste, se le podrían hacer al director. Pero en esta historia todo es oscuro. Y no hay que olvidar la sospechosa actitud del fiscal y del juez, que querían dar un escarmiento al "lascivo" mundo del cine.
Polanski lleva 30 años haciendo una vida normal en Europa. Si no recuerdo mal, tenía una casa en Eivissa que se hizo famosa por sus fiestas. No sé si hubo o no violación, y no me sorprendería nada ni una cosa ni la otra. James Salter decía que había algo en Polanski que te atraía y al mismo tiempo te ponía en guardia, porque sus ojos parecían escrutar demasiadas cosas a la vez. ¿Quién tiene razón en este asunto? No lo sé.