NORBERTO ALCOVER
n 1. Cuando los seres humanos y además ciudadanos pretenden superar la realidad mediante la irrealidad, suele sobrevenir el caos. El criterio de realidad es el primero de todos cuantos configuran la acción ética, moral y práxica de la propia existencia pero no menos de la existencia colectiva. Negar lo real tal vez sea aceptar lo deseable pero inexistente. Y este principio vale para todos los órdenes de la vida, desde el científico hasta el religioso. Tanto más para lo político.
2. Cuando un grupo político, por ejemplo, exige de sus militantes adhesiones inquebrantables, es decir, exentas de cualquier autocrítica ideológica y pragmática, entonces comienza a perder el sentido de la realidad y se convierte en una bomba de relojería para toda la sociedad, especialmente si la gobierna, aunque sea de forma temporal. Todo lo que tal grupo determine podrá garantizarle la permanencia en el poder pero, a la media, la irrealidad se impondrá, es decir, se manifestará dolorosamente el engaño producido, y tal vez la mentira. El caos.
3. Cuando un ciudadano-militante-político tiene específicas responsabilidades en el grupo al que pertenece y por ello mismo se debe al colectivo social al que representa en el grupo (un determinado sector de la sociedad, que se supone lo ha elegido), en el caso de aceptar el engaño de la irrealidad, corrompe su responsabilidad y es tan perseguible como un corrupto en materia inmobiliaria. Ni aforamiento. Ni gremialismo. Nada de nada. Cuando un político, a todo nivel, acepta tal condición irreal a sabiendas, debe de ser denunciado y eliminado de su responsabilidad precisamente por ser un irresponsable social. No hacerlo produce el comiendo del caos.
4. Los partidos políticos no pueden convertirse en guarida de los políticos corruptos en cualquier orden de la corrupción, pero sobre todo en el orden de la corrupción específicamente política: mentir en el acto de gobernar es la más peligrosa actitud de quien está obligado a servir al bien común mediante la aceptación de lo real como punto de partida y de llegada. Sustituir, pues, la verdad por la adhesión inquebrantable conduce a la irrealidad engañosa y mentirosa, y es una de las mayores aberraciones políticas que puedan cometerse. Maquiavelo predice para tales Príncipes la derrota más sangrienta.
5. Cuando los populares aclamaron a su líder en el parlamento tras proponerles participar en la invasión de Irak, se saltaron la realidad a la torera y aceptaron la irrealidad creada por los asesores de Bush. Todos y cada uno de ellos/as se hicieron corresponsables del líder, porque nos impusieron a todos esa misma irrealidad, pero el resultado fue el que todos sabemos: el caos. Mediante la adhesión inquebrantable de los parlamentarios populares, su líder se hundió y nos hundió en un despertar de sangre y fuego. Despreciable y corrompido silencio para salir en la foto.
6. Cuando hace pocos días, los socialistas repitieron lo mismo en su Comité Federal, formada nada menos que por 248 personas, también se hicieron responsables de la irrealidad con que jugaba su líder y cuanto suceda en el futuro merecerá nuestra condena. En estos asuntos, como venimos diciendo, nadie se va de rositas y cada quien tiene que cargar con su responsabilidad y con su culpa. Menudo caos organizativo entre todos, en un espectáculo denigrante para nuestra joven democracia.
7. Cuando suceden todas estas cosas, es infame pretender que nuestros hijos sean unas personas excelentes: nos ven, nos juzgan y nos catalogan, especialmente si ya tienen cierto grado de madurez para comprender la diferencia entre realidad e irrealidad. ¿No es mucho peor el aborregamiento de nosotros, los adultos, que el botellón y hasta la quema de algunos vehículos? Exigimos lo que no practicamos, pero es que además, nos buscamos responsables en donde sea. Hasta recurrir a tarimas para solventar el caso. Dios, qué estúpidos.
8. Cuando quienes están en las cúpulas no hacen descender virtudes sociales sobre el cuerpo de la pirámide, carecen de derecho a señalar el pecado de esa misma pirámide: que comiencen ellos a autocriticares y, tal vez después, les haremos un mínimo de caso. Si imponen la irrealidad como medio de juicio y de acción, pues seamos irreales también nosotros.
9. Estar pendientes de los desempleados es la primera obligación de toda sociedad que se precie de democrática, pero demonizar el capital de forma demagógica es una insensatez económica que solamente aumentará el desempleo. Las cosas son como son en una sociedad como la nuestra. Y decir lo contrario es engañar.
10. Cuando tipos como Hugo Chávez nos ilusionan, es que hemos perdido el sentido de la realidad. Mucho peor en el caso de no tener petróleo. Y es que la irrealidad acaba por producir estupidez, a la vez que es fruto de adhesiones inquebrantables.