SEBASTIÀ VERD
La convocatoria, a propuesta del PP, de un pleno municipal sobre Son Gotleu, sirvió ayer para que el Ayuntamiento escenificara la apuesta por la convivencia llevada a cabo por el llamado Consell de Barri. Lástima, no obstante, que el Partido Popular se abstuviera a la hora de votar las propuestas y se limitara a apoyar las suyas que, a la postre, fueron derrotadas. En cualquier caso, la iniciativa del pleno fue positiva y sirvió, por lo menos, para que once de las treinta y ocho entidades que forman el Consell intervinieran directamente y expresaran sus deseos de convivencia. Todo un alivio tras la batalla campal, con una única voz disonante, la de la Asociación de Vecinos Orson Welles. Una vez más, su presidente, el ex concejal Ginés Quiñonero, se refirió a los problemas de Son Gotleu con enorme crudeza. De hecho, para él, todos los problemas de su barrio se resumen en la lucha entre gitanos y nigerianos por el control de la droga.
La droga es, sin duda, uno de los principales problemas de este barrio de Palma –hasta ahora sistemáticamente olvidado por todas las administraciones municipales– que escandalizó y alarmó al resto de la ciudad por la reyerta multitudinaria que el mes pasado enfrentó, precisamente, a inmigrantes africanos con gitanos. La pelea, originada por un asunto aparentemente trivial, puso de relieve el malestar social en una zona donde, efectivamente, la compra y venta de droga es algo habitual. No es, pero, el único problema. El problema real es la marginación, una pobreza latente que, sumada a la degradación urbanística, forma un cóctel social de lo más explosivo. Quiñonero predice "muertos a tiros" en las calles. Una situación extrema que es, precisamente, lo que se trata de evitar.
La mayoría de entidades de Son Gotleu rechazan los argumentos xenófobos y la concentración de inmigrantes como única explicación de unos conflictos, a los que no es ajeno el aislamiento al que se ha visto forzado este barrio. De hecho ha sido necesario que la violencia hiciera acto de presencia para que el resto de la ciudad tuviera conciencia de su existencia.
Fue a raíz de los sucesos de agosto que el ayuntamiento reunió el consejo vecinal en el que se establecieron las bases para la convivencia que ha adoptado el Ayuntamiento. Unas bases que, según el teniente de alcalde de Participación Ciudadana, Eberhard Grosske, comprometen a Cort, y a la delegación del Gobierno, a tener una mayor presencia policial y, de modo especial, a mantener limpias las calles. Aunque no sólo eso, el compromiso es incrementar los servicios sociales: talleres de formación, mediadores culturales, comedores escolares, un agente de desarrollo local dedicado exclusivamente al barrio. El objetivo es poner barreras a la degradación, tanto urbana como social, para lo que –según se anunció en el Pleno– Son Gotleu será declarado ARI, es decir "área de rehabilitación integral", lo que le permitirá recibir inversiones de todas las administraciones, desde la central a la local pasando por el Consell de Mallorca y el Govern. El pleno fue, en este sentido, todo un acto de fe en el futuro de un barrio que hasta ayer no lo tenía. ¿Lo tiene ahora? Lo esencial, a partir de hoy, será pasar de las palabras a los hechos. Desgraciadamente no es la primera vez que Son Gotleu ocupa el Ayuntamiento y siempre ha sido por las mismas razones. Sólo que la situación ha llegado ya a tales extremos que no cabe sino apostar por la convivencia con todas las armas posibles para que la situación de conflicto no sea irreversible.
Ayer se escenificó que la convivencia es posible, pero falta que los acuerdos se hagan realidad y no se conviertan una vez más en papel mojado.