RUBÉN RIAL (*)
¿Se lo imaginan? No paga gasolina, ni seguro, ni reparaciones. No se tiene que enfadar si un gamberro le rompe un espejo o le hace una raya en la carrocería con las llaves. No se enfada nunca en los atascos, no tiene que competir con ningún loco apresurado que lo adelante por la derecha y puede cenar con vino,. Va al trabajo en metro, leyendo el diario, a veces una novela. La única molestia que sufre es la de intentar poner dificultades a los "lectores de por encima del hombro".
Cuando le apetece, si quiere hacer un viaje, alquila un coche. La sale baratísimo y no tiene que preocuparse más que de echarle gasolina. Y sus hijos van al cole y a la universidad en bicicleta. Nunca le piden dinero para gasolina, nunca le devuelven el coche sucio o con un golpe. Supongo que un ciudadano de Mallorca, con tantos coches en casa como personas en la familia, no se lo puede imaginar. Imposible. Incluso es probable que esté indignado con la iniciativa del Ayuntamiento y el dichoso carril-bici de las Avenidas.
Pues yo no. Sin ser un especialista en tráfico, pero después de aprender un poco de la experiencia de otras ciudades, se el objetivo de un carril-bici es doble. Por una parte, dar camino cómodo a las bicicletas. Por supuesto. Pero aunque no lo utilizara ninguna bicicleta, su utilidad sería inmensa, si ponía dificultades a los coches, si disminuía el tráfico, por poco que fuera. Llegará el día, que nadie lo dude, que toda Palma, desde la vía de cintura, será territorio vedado para los automóviles, como docenas de ciudades de Europa. Cuando alguien quiera entrar en la ciudad con su coche, lo pagará y espero que el precio sea muy caro. Tarde o temprano, el que está deseando que su vecino deje el coche para que el suyo tenga más sitio y llegue antes, pagará para mantener su inmerecido privilegio.
La ciudad es para las personas, caminar desde casa hasta donde se presente la necesidad de ir, y también para pasear acompañando un perro, para ver escaparates, para encontrar amigos y conocidos y parar a saludarlos y hablar un rato con ellos. Para sentarse en una terraza o en un parque y descansar mirando jardines, árboles, estatuas, detalles arquitectónicos o simplemente, la gente que pasa.
Por supuesto, ahora es imposible: no hay transporte público suficiente. Pero hay una frase consagrada en Biología: la función crea el órgano. No se puede improvisar una red de transporte público de un día para otro, pero la necesidad, poco a poco, se impondrá y los transportes escasos, caros e ineficientes que tantos alcaldes miopes permitieron, crecerá y Palma terminará siendo una ciudad moderna de verdad. Me dicen que la crisis está aumentando el uso del transporte público. Quizás no es más que uno de los pequeños beneficios de las grandes catástrofes, pero señala el camino. La función creará el órgano y cada vez que alguien deje el coche en casa y tome el autobús está contribuyendo a crear una red de transporte público mejor.
Está demostrado: dar facilidades al automóvil privado nunca facilita la circulación. Construir aparcamientos trogloditas monstruosos, no sirve para que los coches circulen mejor; al contrario. Cada plaza de aparcamiento nueva es una llamada para un coche más. ¿Se acuerdan de los primeros días de la implantación de la ORA? Durante una o dos semanas, las calles del centro quedaron vacías. Estacionabas donde querías, ponías un papelito detrás del parabrisas y ya podías hacer lo que quisieras durante una hora. Pero aquello no duró nada. Ahora no se puede aparcar en ningún sitio, ni con ORA ni sin ORA. Lo mismo pasa con los aparcamientos subterráneos: ¿cuántas veces ha tenido que esperar a que el letrerito de "completo" cambie al de "plazas libres"? Y entonces, ¿cuántas vueltas ha tenido que dar en el mismo aparcamiento hasta encontrar la anunciada plaza libre?
Pues eso: bienvenido sea el carril-bici y bien por todas las consecuencias saludables del ejercicio físico. Pero además, cuantos más automóviles consiga retirar de las avenidas, mejor.
(*) Catedrátic de Fisiología de la UIB