LLORENÇ RIERA
No hubo, y tampoco se esperaban, grandes novedades en el discurso sobre el estado de la Comunidad pronunciada ayer por el presidente Antich ante la cámara autonómica. Una hora de disertación para agradecer y seguir recabando, no sólo el respaldo, sino la intervención de la llamada sociedad civil, porque los tiempos son duros, la descripción de una situación de dificultad económica generalizada y palpable, medidas de soporte para los más desprotegidos y un esfuerzo por infundir ánimo y esperanza –tarea propia del president– constituyen los grandes trazos de una comparecencia parlamentaria que, probablemente porque no quedaba otro remedio, habia sido concebida para sobrevivir, antes que para afrontar el futuro con energía y solvencia de ejecución.
La realidad impera y condiciona tanto que Francesc Antich no pudo, como ya le han reprochado de inmediato algunas fuerzas sindicales, concretar las medidas que piensa adoptar el Ejecutivo para impulsar el nuevo modelo productivo anunciado. Veremos si lo hace en el debate de hoy. Fue un discurso para el conformismo y la resignación antes que una suelta de amarres para tomar un nuevo rumbo, con timón y pulso firme, hacia un futuro definido.
El acuerdo con las entidades financieras para aplazar, durante tres años, las hipotecas de las familias que se vean apretadas por la estrechez económica, es el anuncio más novedoso del discurso del presidente. La medida resultará eficaz siempre que durante este periodo se consiga oxigenar y regenerar la economía. En caso contrario, no será más que un aplazamiento de la deuda, del mismo modo que tampoco podrán eternizarse las inyecciones de estimulo financiero a los ayuntamientos para que puedan contratar a parados y aliviar unos cifras de desocupación que este invierno alcanzarán cotas desconocidas hasta ahora en Balears. Estos son los largos recorridos que hay entre el dicho y el hecho en este caso, entre los deseos de la coalición de gobierno y el panorama real o la posibilidad de aliviarlo y despejarlo.
La comprensión y hasta la solidaridad implícita de unos socios de gobierno y de algunos agentes sociales menos críticos y dispuestos a marcar distancias que en ocasiones anteriores, contribuye a dar la justa medida de crudeza de la situación real. El Bloc se muestra "consciente de la dificultad económica y de las medidas de austeridad que deberán adoptarse" y UM asimiló un discurso "muy realista y de gestión". Sí, porque hablar de situación política resulta más espinoso y complejo. En este contexto, la situación actual tampoco permite a Francesc Antich anunciar los recortes efectivos y las restricciones presupuestarias que, de forma irreversible, deberá aplicar a su Ejecutivo. En este aspecto, también media un largo recorrido entre el dicho y el hecho. Quizás trazando un paralelismo inconsciente con su propia situación interna, el PP dedujo de las palabras de Antich "un panorama desolador y falto de conexión con la realidad". Francesc Fiol tiene ahora la misión de hacerse valer como portavoz de la oposición y tender la mano para hallar concreciones efectivas.