PEDRO VILLALAR
Pocas veces he compartido tan íntimamente el aliento de un buen artículo como al leer, en el ABC de ayer, una Tercera de Jorge Trías Sagnier sobre Garzón. El autor, abogado de profesión y político de vocación, explica con una sencillez admirable el abismo que media entre los posibles errores que Garzón haya podido cometer en la instrucción de la causa sobre la Memoria Histórica y su imputación como posible prevaricador, es decir, como supuesto responsable de tomar una decisión injusta "a sabiendas". Trías destaca en su artículo que la querella ha dado pie a las actuaciones judiciales ha sido presentada por "una oscura asociación sindical, ´Manos Limpias´, que además de su carácter ultra derechista parece más interesada en remover la porquería estancada en la ciénaga política que en su circulación fluida". Y asimismo resalta que "la biografía de las personas contará, también, en el momento de su enjuiciamiento, para algo, al menos cuando la imputación se hace por un tipo delictivo como el de la prevariación, en el que la psicología del personaje es esencial para su calificación". Y Garzón ha sido pieza clave en la lucha antiterrorista de la democracia. Muchos hemos criticado a Garzón por algunas actuaciones concretas, aunque reconozcamos su valor personal y su frecuente acierto. Pero en todo caso, de equivocarse a prevaricar hay, efectivamente, un abismo.