ANTONIO PIZÁ
Tía Práxedes está ilusionadísima con la idea de que se "ruralice" Son Espases, cuyo proyecto va a encargar el Consell de Mallorca a unos arquitectos catalanes. Pero ¿qué es "ruralizar"? Cabe preguntarlo porque en el diccionario no viene, si bien por lo visto escuchado sobre el particular se trataría de ver de minimizar la barrabasada medioambiental y paisajística que está suponiendo el nonato nuevo complejo sanitario, y digo "nonato" con toda propiedad en tanto que no nacido en parto natural sino por medio de cesárea, vaya que sí. En qué va a consistir la pretendida minimización, es lo que está por ver y de momento tanto los vecinos del Secar de la Real como los curas del monasterio siguen sin creer en milagros. Bueno, los religiosos se entiende que solo por lo que respecta a las cosas terrenales.
En fin, que al parecer de lo que se trata es de darle al mamotreto y tinglados vicarios, un look agropecuario, entre bucólico y foraviler, de arado aparcado en Urgencias, de guiño a las olvidadísimas arrels, de las cosas buenas del campo, que decía la publicidad de la Granja San Francisco. ¿I que no es guapo això? Sí que lo es, y sobre todo, si cuela, cuela. Caro no nos va a salir, pues 70 mil euros de nada serían como añadir el peso de una mosca al de un elefante, valga la comparación. La cuestión será qué va a salir de todo esto. Igual la "ruralización" consistirá en plantar algarrobos y almendros, los parterres los jardines, a base de corrales de figueres de moro, por el césped "pasture" el ganado lanar, y los "seguratas" es una sugerencia vayan ataviados de rebosillo o de calçons amb bufes según proceda. También sería de lo más propio, que los diversos vestíbulos estuvieran decorados con auténticos utensilios antiguos de labranza. El personal facultativo, sanitario, auxiliar y administrativo, además de acreditar los conocimientos propios de cada uno de su respectivo cometido, tendrán que acreditar igualmente los de destripar terrones, esquilar borregos y, optativamente, injertar ciruelos. En "rehabilitación" el ejercicio más aplicado serían la recogida de la patata, y el ball de bot, que tampoco es grano de anís. Incluso, quien sabe, las ambulancias podrían ser sustituidas por carros y carretons, debidamente adaptados. Por supuesto por el hilo musical sonarían preferentemente en Biel Majoral y el country d´en Tomeu Penya.
Tras medio siglo o más de construcción salvaje, codiciosa y compulsiva, ahora vamos a probar de "ruralizar" nuestro futuro macro hospital de referencia, no sabemos si a título de experiencia pionera o que. Lo rústico o es rigurosamente auténtico o es inevitablemente un pastiche que hace estragos en la decoración de las segundas residencias de los urbanitas de medio pelo. A tía Práxedes le remite a aquella moda dieciochesca que llevó a María Antonieta a un naturalismo pompier de montar gallineros, conejeros, decir a "ruralizar Versalles", y allá iba ella y sus damas de honor vestidas todas de pastorcillas, con sus miriñaques de seda y su cayado con lazo, a acariciar corderitos y cogerles los huevos a las ponedoras con sus delicadísimas y enjoyadas manos. Vamos, lo que se dice un desastre. Ya mucho más próxima en el tiempo, me recuerda aquel día en que fuimos a comer ella y un servidor a una especie de mesón con ínfulas de típico y de nostrat. Comimos, sin manteles ni servilletas sobre una especie de tablón sin desbasta rodeado de ristras de guindillas y de ajos, el peor tumbet y la peor porçella de nuestra vida, aparte de que, como propina, unas sobrasadas que colgaban de una falsa viga le gotearon sobre el pelo y un hombro, experiencia desagradable si las hay.
Bien, vamos a maquillar o intentarlo al menos el pelotazo más fragante obsceno, grandioso y depredador de la especulación en la isla. Y por supuesto, impunemente. Si tal atropello nos hubiera venido de Franco, tendríamos doble "motivo" para borrar hasta el último vestigio de su memoria histórica. Si nos hubiera venido desde el gobierno de Madrid, ya en democracia, no encontraríamos palabras para maldecir el odioso centralismo. Asumamos que hemos sido "víctimas" de nosotros mismos. Mientras, "ruralizamos" un poquito el embolado.