PEDRO VILLALAR
Quienes entienden del asunto aseguran que la candidatura madrileña a los Juegos Olímpicos de 2016 es inviable. Primero, porque al celebrarse los Juegos del 2012 en Londres y los de invierno del 2014 en Sochi (Rusia), es impensable que los siguientes tengan también su sede en Europa. Y, segundo, porque los competidores no europeos de Madrid son muy potentes: Río de Janeiro con Lula de embajador y Chicago con Obama de relaciones públicas tienen grandes oportunidades. Los latinoamericanos apostarán por Río y los europeos, por cualquiera menos por Madrid ya que, de celebrarse éstos, no tendrían oportunidades quienes aspiran a celebrar los de 2020 (París, Berlín y Moscú). Así las cosas, podría pensarse que la obstinación de Madrid y de su alcalde, Ruiz-Gallardón, por defender la candidatura de Madrid, un oneroso empeño que cuesta muchos millones de euros a las arcas municipales, no tiene fundamento. Y si se tiene en cuenta que la capital del Reino, con una deuda de más de 8.000 millones de euros por la faraónica propensión de su regidor, ya está al borde la bancarrota, quizá llegue pronto el momento de exigir responsabilidades a quien administra con tanta ligereza el dinero de todos si el 2 de octubre se confirma la decepción. Algunas voces potentes apuntan ya en esta dirección.