FERNANDO PERELLÓ (*)
Escribir un artículo libre de ideas preconcebidas es a menudo complicado porque, aunque nuestro ego es permanente como una complicidad, las reacciones, confinadas en nuestro diario quehacer, sufren la presión de las circunstancias. Esto le había comentado a mi amigo sueco de Estocolmo cuando él me espetó: te veo tan henchido de energía sin empleo que me das la impresión de dar audiencia a tus pesadillas como evidencias confirmadas de haber dormido mal.
No voy a intentar describir cuanto lamento estas situaciones porque no quiero optar por la improvisación, particularmente cuando voces lejanas pero recientes se hacen presentes con insistencia y acaban con mis apacibles sueños. Debo confesarte, le dije a mi amigo sueco, que en el curso de la pasada noche oí las lamentaciones contadas de corrido, de un brujo que se reía de verme cariacontecido y afirmaba que la próxima subida de impuestos no sólo estaba destinada a socorrer a un montón de desdichados sino también a una multitud de privilegiados. Me desperté y pensé que tal vez ya estaba en pleno proceso de demencia senil.
No es para tanto, me dijo mi amigo sueco, pero tienes que evitar los lapsus selectivos de tu memoria. Como yo me callaba, mi amigo prosiguió y me dijo; voy a hacerte unas preguntas que tienes que contestar honestamente porque vosotros, los católicos, tendéis a la confusión.
Así que contesta ya a mis preguntas y sé escueto: ¿es o no es cierto que tú escribiste que tenéis un número excesivo de instituciones públicas con políticos repartidos entre Bruselas, supuesta capital de la Unión Europea, Estrasburgo con su parlamento, Madrid como capital del reino, Palma como capital del Govern balear venida a menos, Palma como capital del Consell de Mallorca, venida a más aunque para parecidas o similares funciones, Maó como capital del Consell de Menorca, Eivissa como capital del Consell de Eivissa y la última adquisición, Formentera, y que el Consell de Cabrera estaba al caer y que, por contra, podríais, perder Es Colomer, porque al parecer, Jaume el Conqueridor, debido a un lamentable lapsus de memoria, había olvidado inventariar el islote en su registro de tierras conquistadas y ahora los árabes podrían reclamar su titularidad? Sí, es cierto, contesté. Y ¿es o no es cierto que tú has afirmado en múltiples ocasiones que tenemos más políticos por habitante y kilómetro cuadrado que cualquier otro territorio de la Unión Europea? Sí, contesté, es evidente. Y ¿es o no es cierto que tú afirmas que cada vez que los políticos combaten la crisis creando nuevos empleos públicos lo único que logran es más déficit público, más injusticia social y más paro? Sí, contesté y te lo voy a demostrar con un ejemplo que no es más que un botón de muestra de la infinidad de situaciones parecidas sino peores.
En las escoletas públicas los empleados cobran, para las mismas prestaciones y funciones que en las privadas, un tercio más, trabajan un tercio menos y tienen un 300% más de vacaciones pagadas. En las escoletas privadas los responsables tienen que cumplir con los mismos requisitos legales pero tienen que poner el capital, pagar los sueldos de los empleados, los gastos generales, la seguridad social, los impuestos y ser rentables, pues de lo contrario incrementan el número increíble de sociedades privadas que han desaparecido en nuestra comunidad en lo que va de año. Las escoletas públicas, sin excepción, tienen un déficit público inconmensurable y hacen una competencia desleal a las privadas, ¿o no?
Y ¿es o no es cierto que tú sugeriste que por la brecha abierta entre el sector público y los ciudadanos de a pie, podría colarse un camión? No, esto lo dijiste tú, pero estoy totalmente de acuerdo con tu afirmación, le contesté sin pestañear. Y ¿es o no es cierto que tú nunca has escrito nada sobre la corrupción política porque para esto están los jueces pero sí has escrito y mucho sobre lo que tú llamas la corrupción pasiva, o sea aquella que practican un número considerable de ciudadanos, desde mucho tiempo atrás y cualquiera que sea su color político preferido, a la condición de decir siempre sí en latín o amén en hebreo, para cobrar dietas, en cualquier instancia aunque elegidos, en sobradas ocasiones, por el más democrático de los sistemas, o sea a dedo, para asumir la tarea rutinaria pero ingente según ellos, de asesores de políticos o miembros de consejos de administración de empresas públicas? Sí, contesté. Doy fe. Estuve en ello. Y ¿qué piensas del carril-bici? Me preguntó mi amigo sueco de sopetón.
Pues te contestaré, le dije, el día que nuestros alcaldes y políticos en general, se dirijan en bici a sus despachos, como hacen sus homólogos en Holanda y Dinamarca.
(*) Presidente del Cercle Financer Balear