DANIEL CAPÓ
Mientras se retrasa la recuperación de la economía española, los sectores más razonables del PSOE empiezan a levantar su voz crítica contra Zapatero. Peces-Barba, Joaquín Leguina, Jordi Sevilla, César Antonio Molina y Pedro Solbes, son algunas de las voces que, de un modo directo o indirecto, se han atrevido a manifestar su discrepancia con el rumbo del país. De Solbes, por ejemplo, se ha dicho que dimite porque es incapaz de votar a favor de los próximos Presupuestos Generales del Estado. Él, de momento, no lo ha desmentido y su elegante silencio nos da una idea de su enfado con el Presidente. En Balears, la crisis de gobierno no tiene mucho interés mientras las cifras del paro sigan creciendo y los primeros hoteles cierren antes de hora. Bauzá toma el poder en el PP balear con la esperanza de ser un Núñez Feijoo en lugar de un Matas, pero lo cierto es que en el partido conservador nadie ha salido todavía a pedir perdón por unos modos de gobernar que recuerdan la época de Heliogábalo. Bauzá, además de solucionar la china Delgado, debería limpiar su casa, regenerar el partido y ofrecer un gran pacto económico, social y educativo al gobierno Antich. En estos casos, la generosidad es una necesidad y seguramente obtendría réditos electorales.
El presente es interesante en función del futuro. ¿Qué escenarios post-crisis manejan Zapatero y Rajoy? ¿En qué Balears piensan Armengol, Antich y Bauzá? Zapatero abraza el sindicalismo –puño en alto de sus pitufas– y Antich el inmovilismo. No sé quién me dijo que una mentalidad de funcionario –por Antich– no puede dirigir un gobierno y creo que tenía razón. Pero menos aún nos puede gobernar un Heliogábalo o un Caracalla, por ponernos romanos. Sindicalismo, inmovilismo, corrupción: todo esto nos habla de la mediocridad de una clase política sometida a la imagen y al deseo de poder. También nos habla de la anestesia social y de la falta de vitalidad de un pueblo. Es importante saberlo.
Es importante, claro, porque hay que saber hacia qué futuro nos dirigimos. Zapatero no se ha cansado de recalcar la necesidad de la excelencia educativa y de la apuesta por la innovación. Ahora leemos que la I+D será la gran damnificada en los próximos presupuestos y que hay que confiar de nuevo en el ladrillo. Esto es improvisación pero además suscita algo peor: desconfianza e inseguridad. Los proyectos sólidos son confiables e inspiran respeto. Diríamos también que la pulsión del progreso es un cambio sostenido en el tiempo, una depuración del esfuerzo y de la inteligencia ética. Por el contrario, la tentación del ignorante es el disfraz del demiurgo, la apuesta táctica de la heterodoxia interesada.
Al final, la tragedia de Zapatero no es Zapatero sino la clase política que representa y que ocupa el poder en nuestro país con escasas excepciones. Así como el "matismo" fue una larga pesadilla y Antich es un bostezo, Zapatero es el triunfo de la imagen power-point: la cultura pop en todo su esplendor.