SEBASTIÀ VERD
Ante una ya más que previsible subida de impuestos, el presidente Zapatero justifica esta medida alegando la falta de ingresos para mantener las políticas sociales e incentivar la economía en tiempos de crisis. Lo cierto, sin embargo, es que alguno de los incrementos propuestos podría acarrear efectos contrarios a los deseados e impedir que la tan ansiada reactivación llegue a tiempo. Es lo que han denunciado los hoteleros mallorquines al avisar sobre las consecuencias de una posible subida del IVA en el sector. Alemania y Gran Bretaña están en mejores condiciones que España para salir adelante y, si así fuera, 2010 podría ser el año de la recuperación turística, lo que daría alas a la economía balear. Pero una subida de precios –con las heridas de la crisis todavía a flor de piel– podría ser un obstáculo insalvable. La experiencia de este año demuestra que pequeñas oscilaciones en las tarifas tienen un peso decisivo a la hora de elegir destino vacacional.
El problema que plantea una subida del IVA es general para todo el sector turístico, desde las agencias de viajes a los hoteles pasando por el consumo de los propios residentes en establecimientos de restauración. El encarecimiento de los precios no es la mejor medida para fomentar la actividad en un sector del que depende más del ochenta por ciento del PIB balear. En el caso de los hoteleros, una eventual subida de impuestos lastraría a unas empresas que todavía pelean por mantener la rentabilidad de este año, cuando ya están negociando las tarifas del próximo. Nuestros hoteles tienen todavía una enorme dependencia de los tour operadores y los precios que acuerdan son siempre con mucho adelanto y con impuestos incluidos, de manera que cualquier variación en el IVA debe ser asumida por ellos.
Como todo el mundo sabe, la temporada de este año ha sido la más corta de la historia y con una ocupación inferior a la del 2008, que ya no fue un año bueno. Si a ello se añade que se han tenido que hacer ofertas, rebajando las tarifas hasta un veinte por ciento –bajar es posible, pero no subir una vez negociado el precio– está claro que la rentabilidad ha caído en picado. La consecuencia inmediata ha sido la destrucción de empleo y el retraso en algunas inversiones modernizadoras que desde la administración se quería favorecer. En este contexto, incrementar el IVA es como llenar de piedras los zapatos antes de iniciar el camino. Con piedras no se pueda avanzar y no se llega a ninguna parte.
Ante esta situación lo lógico, según el presidente de los hoteleros mallorquines, Antoni Horrach, sería bajar el IVA y no subirlo. Es lo que se ha hecho en Francia, aunque aquí el sector es consciente que tanto hoteles como restaurantes pagan el tipo mínimo de IVA, el del 7 por ciento, y por eso no piden reducirlo. Pero entre mantenerlo como está o incrementarlo –se habla de hasta un cinco por ciento– hay un gran trecho y no está el mercado como para aventuras recaudatorias que tienen mucho de pan para hoy y hambre para mañana.