EDUARDO JORDÀ
No entiendo por qué nos sentimos culpables de haber invadido América, como nos reprochó el presidente de Bolivia, el simpático Evo Morales. La conquista de América tuvo muchos episodios crueles y fue una larga historia de rapacidad y codicia, pero no fue un desastre colectivo como nos hemos empeñado en creer. Ya sé que no suena bien decirlo, pero los incas o los mayas eran bastante más crueles que los aventureros españoles. Y si Bolivia hubiera sido conquistada por ingleses o alemanes, el señor Evo Morales tendría ahora el pelo rubio y se llamaría Eric o Wayne, porque apenas habrían quedado indios aymaras o quechuas en sus tierras nativas. Tendemos a avergonzarnos de la conquista de América porque fue un tema sobre el que nos dieron la tabarra en los años del franquismo, y porque algún demente se inventó en los años 20 el concepto extraterrestre de "raza hispánica". Pero eso no debería hacer que nos olvidáramos de la realidad. Con sus muchas imperfecciones, la conquista de América fue una empresa que tuvo muchas más luces que sombras. Puede que fuera injusta y cruel, pero no creo que fuera menos injusta y cruel que la conquista de la Al-Mayurqa almohade por parte de las tropas de Jaume I. Dejemos que los perturbados añoren los supuestos años de esplendor de la época almohade. Cualquier persona sensata preferirá la conquista catalana.
Es curioso el desconocimiento que tenemos de nuestra contribución a la historia americana. Si a un alumno de ESO se le pregunta por Junípero Serra (no catalanicemos su nombre, por favor, que él prefirió llamarse así), es probable que muchos escolares duden entre situarlo en la liga alemana o en la inglesa. Sería bueno hacer el experimento, incluso en Petra. Recuerdo haber visitado su humilde casa natal, hace siglos, sin tener ni idea de la importancia de este hombre, visible sólo por la extensión de la "Junipero Serra Freeway" que une San Francisco y San José, en California. Imaginemos, por ejemplo, que por una rara casualidad, Bob Dylan hubiera compuesto un disco que se llamara así, "Junipero Serra Freeway", en vez de "Highway 61 Revisited". ¿A qué todo el mundo se sentiría muy orgulloso de él? Pero en Mallorca basta que alguien haya nacido aquí para que le quitemos todo el valor que posee.
Debo reconocer que he sido el primero en desentenderme de la historia de fray Junípero. Al documentarme para una novela que tiene una parte californiana, he leído bastantes cosas acerca de este fraile franciscano, y me he quedado de piedra. Junípero Serra fue un hombre amargo, terco, infatigable, fanático, capaz de azotarse en público con un látigo o de golpearse el pecho con una piedra, pero que se comportó con los indios de California con una generosidad sin límites (algo bastante impropio de un mallorquín, dicho sea entre nosotros). Su tenacidad parece sobrehumana. Fundó 21 misiones en un territorio inexplorado y se empeñó en aplicar las leyes de Indias de Fray Bartolomé de las Casas, por lo que tuvo que enfrentarse con el gobernador Fages y con el virrey Felipe de Neve, que obligaban a trabajar a los indios como esclavos en los presidios. Ignoro si Evo Morales tiene alguna idea de la existencia de Fray Junípero, pero no parece que se le pueda catalogar sin más como un invasor. Las cosas no son tan simples.
A finales de 1879, cuando vivía en Monterrey, R.L. Stevenson visitó la iglesia de Carmel, que había sido fundada por Fray Junípero. Allí vio a un indio ciego, de unos ochenta años, que dirigía un coro de indios que cantaban música gregoriana en latín. "Nunca he visto rostros más vívidamente iluminados de alegría que los de esos cantores indios", escribió Stevenson en un ensayo sobre su vida californiana. Y luego añadió: "Conmueve el corazón recordar a aquellos buenos padres de antaño que les enseñaron a trabajar la tierra, a leer y cantar, que les dieron libros de misa que los indios aún conservan y estudian en sus chozas, y quienes han perdido por completo su autoridad e influencia en esta tierra… para ser reemplazados por codiciosos ladrones de tierras y sacrílegos tiradores de pistola. Ese es el aspecto terrible que presenta nuestro protestantismo anglosajón frente a las obras de la Compañía de Jesús". Todo eso lo escribió Stevenson en 1880, cuando vivía en América con su mujer, la americana Fanny Osbourne. Sería bueno que alguien se lo recordara al simpático Evo Morales.