SEBASTIÀ VERD
Cuando ya casi se descartaba que hubiera crisis, Antich convocó ayer tarde a los medios de comunicación para anunciar la tantas veces aplazada remodelación de su ejecutivo. Con ella, dijo, se pretende dar un empuje a la acción de gobierno en temas tan fundamentales como la educación o la reforma del modelo productivo a través de la innovación y las tecnologías de la información. Pilar Costa, la ex presidenta pitiusa, en Interior –una cartera a la que se han incorporado los departamentos de Innovación y Justicia– y Bartomeu Llinás, hasta ahora secretario de Presidencia, en Educación, son los nuevos consellers encargado de dinamizar el ejecutivo sustituyendo a Bárbara Galmés y María Ángeles Leciñena, cuyo cese era una secreto a voces desde hace varias semanas. En este sentido, Antich ha cumplido con lo previsto, pero sólo a medias. Es también un secreto a voces que si no había llevado a cabo antes la remodelación es porque quería que fuese más amplia y con mayor carga política, pero no ha podido.
Como se decía en el editorial de Diario de Mallorca del domingo, la credibilidad del Govern estaba en juego. Y sigue estándolo, ya que uno de los objetivos previstos y no llevado a cabo era reducir el número de consellerias, departamentos y empresas públicas, para ahorrar dinero de cara a los presupuestos del año próximo. Parece, o eso se dice, que todos los socios del Govern están dispuestos a apretarse el cinturón, pero no a renunciar a ninguno de los cargos que hace dos años les correspondieron en el reparto de poder. Antich sólo ha podido introducir cambios en las consellerias socialistas, permaneciendo atado de manos en el resto y, de forma muy especial, en la conselleria de Turismo con un Miquel Nadal atrincherado en su despacho a pesar de los requerimientos judiciales que penden sobre él.
Por ahí está claro que el Govern no va a ahorrar un solo euro. Ni Bloc ni UM están dispuestos a ponerse a régimen de cargos, demostrando una vez más que el ejecutivo balear no es un gobierno de coalición sino –en la práctica– tres gobiernos que actúan más o menos coordenadamente pero respondiendo políticamente ante cada formación política. Antich sólo tiene autoridad efectiva sobre las consellerias socialistas, aunque formalmente nadie le niegue su potestad de poder cesar o nombrar consellers por su cuenta y riesgo. El riesgo ya se sabe: crisis total y nuevas elecciones. En circunstancias normales esta situación podría ser asumida sin grandes dificultades, pero no en momentos tan delicados como el presente, con una grave crisis económica a la que hacer frente y un problema de corrupción que afecta sobre todo a la oposición, pero también a UM. La perspectiva de que pronto o tarde Nadal deba dejar el Govern hace, precisamente, que la crisis anunciada ayer se haya cerrado en falso.
En cualquier caso, pronto tendremos ocasión de comprobar si las fisuras abiertas en el ejecutivo le permiten seguir adelante durante los dos años que faltan de lesgislatura y si la remodelación anunciada ayer sirve para algo. Será en el debate sobre los presupuestos o, lo que es lo mismo, en el reparto del dinero, para analizar como se redistribuye el poder y qué partidas ganan o pierden en esta situación. El compromiso es atacar tanto las causas como las consecuencias de la crisis, lo que implica reforzar las políticas sociales y planear, con proyectos, incentivos y liderazgo, el cambio de modelo productivo. El camino es largo y, de momento, Antich se ha quedado a la mitad.