JOSÉ CARLOS LLOP
Hace varios años, justo después de unas elecciones, ocurrió un fenómeno paranormal: sonó mi nombre como posible conseller de Cultura del Govern. Cuando digo que sonó no me refiero a un rumor de café sino a cierta alegría orquestal. Recibí felicitaciones en supermercados, grandes almacenes y calles de Palma. Recibí llamadas de enhorabuena y visitas al despacho. Jamás por un libro mío había recibido tantos parabienes en tan poco tiempo y en cambio... De nada servía que yo desmintiera el asunto, o que dijera que, de ser verdad –cosa muy improbable ya que la insensatez política no llega a tanto–, nunca aceptaría tal proposición, pues mi vida iba por muy distinta vía. De nada servía que les asegurara que un escritor lo que debe hacer es escribir y que la política –aunque sea cultural– debe ser terreno a observar pero no a habitar. De nada servía que esgrimiera en mi defensa mi independencia –que lo mío me cuesta–, o algún que otro lejano rechazo mío a un trabajo goloso –la dirección del Grand Hotel de La Caixa, por ejemplo– en beneficio de lo que yo más valoraba de mi vida, que era escribir. Podía comprobar en sus rostros que, salvo mis amistades más cercanas, los demás no me creían y a los que lo hacían, les parecía absurdo lo que estaba diciendo. ¿Cómo se podía rechazar algo así?
La naturaleza humana es curiosa: uno puede haber descubierto el eslabón perdido que posibilite un beneficioso avance científico y lo más que se dirá de él es "es mi vecino". En cambio lo nombrarán prefecto de una provincia o consejero del gobernador y habrá una larga fila esperando para las felicitaciones y la inclinación de cabeza, por lo que pueda ser. Recuerdo que en aquellos días de fantasmal conseller in pectore, iba por la calle de Sant Jaume cuando observé a un matrimonio que estaba a punto de cruzarse conmigo. Yo sabía quiénes eran ellos y ellos sabían quién era yo, pero jamás nos habíamos saludado. Al verme, ella le dio un pequeño codazo a su marido diciéndole –así pude leerlo en sus labios–: "En Llop". Él, casi delicuescente de tan sonriente (y jamás antes me había sonreído en su vida), miró hacia donde yo estaba y me saludó muy cordial y cercano. Devolví el saludo sin saber a qué venía y entonces caí en la cuenta. Aquel hombre repentinamente cálido y amable –cuando siempre había sido más bien adusto, de rictus antipático incluso– era profesor de la UIB. Uno de esos profesores con bastante relación en la cosa pública y organizador de foros, estudios y debates para los que se necesita dinero de las instituciones. Entonces, ya digo, recordé que mi nombre sonaba como conseller de Cultura –que también lo es de Educación– y que eso acarreaba la administración de un pingüe presupuesto. Acabáramos. Por suerte a los pocos días se acabó el sonajero. Se nombró nuevo Govern, con flamante conseller d´Educació i Cultura incluido, y nadie más volvió a hablarme de la cosa. La siguiente ocasión en que me crucé con aquel profesor de la UIB y su mujer –y mucho tiempo no pasó entre ambos encuentros–, ni ella le dio codazo alguno, ni él me saludó de ninguna forma. Yo no iba a administrar presupuesto público, ni a tener poder institucional y volvieron a retirarme el saludo. Sic transit gloria mundi.
He pensado en todo aquello debido a los insistentes rumores de cambio en dos conselleries: la de Interior y la de Cultura. En su caso, la sensación ha de ser inversa. Mientras sus titulares leen y oyen que están a punto de caer del gobierno, o que ya han caído sin ruido (aún), o que más que quemadas están carbonizadas, han de mantenerse –supongo que en una frustración estupefacta– en su sitio. Aparentemente ha llegado la hora de la retirada de saludos y del apagón de amables sonrisas, la hora de la desaparición de invitaciones varias y del regreso a casa y a la vida cotidiana, que es la de verdad. Pero nadie les ha dicho, váyanse ya y descansen, lo que no deja de ser una desconsideración. Por lo menos Franco enviaba al motorista. A la consellera de Interior no la conozco, pero a la de Cultura, sí. No hablaré de ella, ni de su política cultural y educativa, pero sí de una de sus decisiones que llamó mi atención y quedó oculta –nunca la vi reflejada en prensa–, o silenciada como tantas veces se silencian las cosas cuando no gustan. El silencio, entre nosotros, es como la sobrasada o el vino de Binissalem.
Durante el mandato de Bárbara Galmés –que, a día de hoy, continúa– la conselleria de Cultura editó un folleto donde se trataba con naturalidad absoluta la existencia de una literatura mallorquina en castellano. Parecerá una obviedad pero no lo es. Es obvio que esa literatura existe y que cada vez tiene más proyección nacional e internacional. Es obvio que los lectores la reconocen y la compran y la leen, cada cual los autores o libros que prefiere. Lo que no es, ni ha sido nunca tan obvio, es su reconocimiento oficial en un estado de las autonomías donde si te caes de la tuya nadie sabe de dónde eres. Por mi parte nunca he necesitado, ni he buscado, reconocimientos oficiales para vivir y escribir mejor o peor; no hablo de eso. Pero lo que ha hecho Galmés –con las trabas habituales dentro de su propio departamento– no había ocurrido jamás. Con ningún partido. Otra cosa es la visión privada del asunto y ahí coinciden en el reconocimiento miembros del PP, PSIB-PSOE y PSM. Pero nunca lo han admitido de forma oficial y sin ánimo alguno de beligerancia, que es como ha de ser. Ella sí. Para ella la literatura en castellano de Mallorca es literatura mallorquina y lo ha dicho y editado (en catalán, además). Es una obviedad indiscutible, repito, pero llevamos tanto tiempo entre el limbo, el pasaporte Nansen y lo extraterritorial, que algo así –a la intemperie– se agradece. El folleto en cuestión se repartió, hasta dónde yo sé, en el estadio del RCD Mallorca un domingo de la primavera pasada y formaba parte de la campaña del Foment de la Lectura. Si sirvió de asiento, de abanico, de reposapiés o para envolver los restos del bocadillo, no importa: sería otro síntoma de normalidad. De eso se trata y Bárbara Galmés –que es de las personas que aman la literatura– lo sabe.