EDITORIAL
El president Antich ha anunciado un paquete de medidas anticrisis que presentará en el próximo debate sobre el estado de la Comunidad. Ante el negro panorama de paro que se avecina, todo lo que se haga será poco para paliar la conflictividad social y reactivar la economía. Sin embargo, sean las que sean, habrá que admitir que son medidas tardías y contar, además, con la escasa credibilidad del Govern a la hora de aplicarlas. La situación empieza a ser desesperante, tal como ha sido descrita en el informe de evolución económica que anualmente realiza el Centre de Recerca Econòmica (CRE) de Sa Nostra, según el cual la economía balear tiene por delante graves problemas estructurales que van más allá de la crisis y que dificultarán la salida de la misma. Una situación complicada, frente a la que el Govern da la impresión de estar cruzado de brazos y hacer poco para resolverla.
El peor ejemplo lo hemos contemplado estas últimas semanas, en las que tanto Antich como sus socios de gobierno dieron por hecho una remodelación del gabinete, dirigida a reducir el número de consellerias y, consecuentemente, de altos cargos. Estaban obligados a ponerse de acuerdo, pero el intento ha acabado en un rotundo fracaso. La drástica bajada de la recaudación impositiva a causa de la recesión económica y, de momento, del reformado sistema de financiación autonómica, que parece encaminarse hacia un nuevo fiasco, imponen unos presupuestos austeros para el año próximo. El Govern está forzado a rebajarlos y, por el contrario, a invertir más. Algo imposible de creer vistos los resultados que está teniendo 2009 con un presupuesto superior.
Pero, por otro lado, el cambio de Govern debería implicar –tal como pedía el PP en la oposición y en principio aceptaban los partidos de la coalición, PSOE, UM y Bloc– una clara agilización de la función pública. Menos gastos y más eficacia a la hora de utilizar el dinero público. Tan buenos propósitos se han ido al traste por la dificultad que entraña para los partidos prescindir de decenas de cargos en consellerias y empresas públicas. A la hora de la verdad, los partidos del Pacte se han vuelto atrás y recordado que además del dinero público lo que estaba en juego era el reparto y control del poder, y en esto se han mostrado intransigentes.
En estas circunstancias, ¿qué credibilidad va a tener un Govern incapaz de ponerse de acuerdo sobre su propia reestructuración? Es evidente que en todo este asunto han primado los intereses de los partidos sobre los intereses colectivos, mostrando su incapacidad para resolver asuntos más complicados como es el cambio de modelo productivo o la puesta en marcha de las infraestructuras prometidas al inicio de la legislatura. Esta misma semana hemos asistido a un nuevo inicio del curso escolar, en una reedición más de los eternos problemas de siempre. Sin duda alguna, Antich estaba en lo cierto cuando dejó entrever la necesidad de un cambio en su ejecutivo, pero su debilidad política –atado siempre a sus socios– o su preocupante inhibición se lo impiden.