SEBASTIÁ VERD
El mismo día en que se hizo público que Rosa Estarás iba a ser elegida eurodiputada y se marchaba a Bruselas ya se sabía, o se intuía, que la ya expresidenta del PP balear no iba a permanecer mucho tiempo al frente del partido. Dimitió ayer, pero podía y hasta debía haberlo hecho mucho antes y no esperar a que su situación fuera insostenible. Alega motivos de salud, pero la realidad no es otra que la imposibilidad de estar en la capital europea y gestionar al mismo tiempo la mayor crisis del PP balear de toda su historia. Desde que está en la oposición ha navegado a contracorriente, con graves problemas de liderazgo interno y lo que todavía es peor: con los torpedos de anticorrupción apuntando bajo su línea de flotación. Anoche, llorosa, la que fuera mano derecha de Matas anunció que tiraba la toalla cuando cada vez está más cerca la llamada para que el ex presidente declare ante el juez del Palma Arena.
Con la dimisión de Rosa Estarás finaliza toda una época del PP, la que se inició con la forzada dimisión de Cañellas por el túnel de Sóller y la posterior entronización, previo complot palaciego, de Jaume Matas. Los delfines de "l´Amo" no tardaron en hacerse con las riendas del poder popular coincidiendo con el reinado de Aznar, aunque por dos veces perdieron las elecciones y, finalmente, cayeron presos por un entorno que lidera todas las estadísticas de corrupción conocidas en este país. ¿Qué implicación tuvo Matas, y la propia Estarás, en los casos de corrupción que han sido o se están investigando? Como mínimo su gobierno es responsable de la falta de control y de un evidente despilfarro de dinero público. La ciudadanía ya les castigó quitándoles el poder, pero no era suficiente. Era necesaria una catarsis y ésta llega, justamente, con el relevo de la presidenta.
Pero el relevo llega tarde y aún no se ha completado. Le sustituye José Ramón Bauzá, alcalde de Marratxí y hasta ayer vicepresidente del PP balear, un político de nueva generación, pero que debe su cargo a su antecesora. Su elección no ha sido unánime, sino por "mayoría" y ante el evidente descontento de una parte importante de la Junta Directiva Regional. Carecerá, pues, de suficiente autoridad para reubicar a un partido que, no lo olvidemos, sigue siendo el primero de las islas –en las últimas consultas electorales sólo se ha visto superado una vez por los socialistas– y que, como alternativa de gobierno, tiene mucho que decir en la situación de crisis económica que vivimos.
Rosa Estarás no ha solucionado nada con su dimisión. Debería haberla presentado hace un año, coincidiendo con las elecciones europeas, y dejar que fuera un congreso regional el que debatiera el futuro del partido y eligiera el equipo de relevo. No lo hizo y en este tiempo los conflictos internos se han agravado. El PP está al borde del cisma y necesitado de recuperar una imagen cuyo deterioro por las batallas internas y los casos de corrupción todavía no ha tocado fondo. Evidentemente, ni Bauzá ni ninguno de sus teóricos correligionarios van a tenerlo fácil.