PEDRO VILLALAR
La deriva de Berlusconi se agrava. El primer ministro de Italia, que ha debilitado los mecanismos de control democrático del poder para lograr para sí un cada vez más cómodo espacio de impunidad, está avanzando día a día en una carrera persistente hacia el disparate machista y la abyección moral. Tras la última entrevista del mandatario italiano con Rodríguez Zapatero, y luego de disculparse por haber declarado hace tiempo que el Ejecutivo español era "demasiado rosa" (tenía demasiadas mujeres), trató de arreglar el desaguisado con una frase inefable: "la mujer es el mayor regalo de Dios al hombre". Los italianos son evidentemente dueños de avanzar hacia su destino como les parezca conveniente. Pero quienes vemos el panorama desde fuera, empezamos a pensar que lo más grave no es que Berlusconi corra desenfrenadamente hacia el disparate sino que el pueblo italiano, refinado y culto, altamente desarrollado y con un bagaje cultural incomparable a sus espaldas, reincida insistentemente en situar a Berlusconi al frente de su país. Así las cosas, yo he decidido hacer un impasse en mis relaciones con el pueblo italiano: pensaré que está seriamente enajenado y dejaré de viajar a Italia hasta que, en uso de su libre albedrío, ponga a su frente a unos personajes dignos de su país y de la responsabilidad que se les encomienda.