DANIEL CAPÓ
Pérdida de competividad y fracaso escolar: éstas son las conclusiones que se obtienen del último informe de la OCDE. Realmente, no es algo que sorprenda a nadie, si consideramos que en fracaso escolar no andamos tan lejos de referentes como Turquía o México. Lo cierto es que la queja permanente se ha instalado en el seno de la sociedad, pero en realidad nadie hace mucho por mejorar la situación. No lo hacen los maestros ni los padres ni tampoco los alumnos, quizás porque el modelo cultural que se ha impuesto es ineficaz pero excesivamente cómodo para la mayoría. Quiero decir que el lamento desplaza a otro lugar la responsabilidad y el peso de la decisión. Si los maestros culpan a los padres o a la administración y los padres a su vez descargan en los colegios, el mensaje que se envía a los niños es el de la irresponsabilidad: siempre habrá alguien que acarree con la culpa. Y ese alguien nunca es uno mismo.
Malcolm Gladwell en su libro de The tipping point ha reflexionado sobre los modelos sociales, económicos y educativos exitosos. Su conclusión es que no se sabe muy bien el motivo último por el que algo funciona, pero sí que los cambios se propagan viralmente, como una epidemia. Se empiezan a producir pequeñas modificaciones y, de repente, se llega a un punto de inflexión y cambia el paradigma social. Esto puede suceder en una dirección o en otra, a mejor o a peor. Por eso mismo hay modelos culturales fracasados y otros que no, como hay familias disfuncionales y otras que no lo son.
La educación disfuncional es el sello de nuestro país. Falla en la transmisión de conocimientos, en el establecimiento de unos valores éticos, en la formación de unas elites, en la reducción del fracaso escolar. Allí donde hay libertad de elección, los padres eligen concertada en lugar de pública. Si analizáramos el sistema educativo desde los criterios de Gladwell, comprobaríamos que no se atisba el punto de inflexión. Yo a esto lo llamo una educación disfuncional.
Obama se refería a esta problemática en su discurso a las escuelas, el pasado martes. Hablaba de responsabilidad, porque ningún cambio es posible cuando alguien renuncia a su deber. Hablaba del esfuerzo tan denostado en la cultura light de nuestros días. "La verdad –afirmaba Obama ante los alumnos– es que tener éxito requiere trabajo. A nadie le gustan todas las materias que estudia. No te vas a llevar bien con todos los maestros que tengas ni tampoco vas a tener éxito la primera vez que intentes hacer algo [...]. Nadie nace siendo bueno en todo. Sólo se llega a ser bueno en algo trabajando duro". Y además, Obama se reafirmaba en una idea característica del ethos americano: "No puedes permitir que sean los fracasos los que te definan". Me parece un buen motto para la vida. Si nuestra sociedad y nuestra educación son disfuncionales, no podemos dejar que sea este fracaso el que hable de nosotros. Y esto afecta por igual a los profesores, a los padres, a los dirigentes políticos y al alumnado.