PEDRO VILLALAR
La fuga de la etarra Maite Aranalde por la decisión del juez Eloy Velasco de concederle libertad bajo fianza, ha merecido una respuesta pertinente de la Audiencia Nacional: lo que debería hacerse es modificar la institución de la Euroorden, de forma que la extradición de un detenido por este medio permita procesarlo por todas las causas que tenga abiertas en el país que lo reclama. En el caso que provoca este comentario, el problema se suscitó porque Francia, al parecer por error, sólo entregó a Aranalde por una de las causas que tenía abiertas, por un presunto delito de tenencia de explosivos, que merecía el tratamiento que le dio le juez Velasco, sustituto de Garzón. Si la Euroorden no tuviese un carácter tan restrictivo, la etarra no hubiera salido en libertad. En definitiva, la fuga de la etarra se ha debido a la desconfianza que se tienen unos a otros los países europeos. Si de verdad existiera un espacio judicial único y un clima de franca y abierta cooperación, los delincuentes no se beneficiarían de los resquicios legales que, de tanto en cuanto, provocan el estupor y la indignación de la ciudadanía.