SEBASTIÁ VERD
Algunos hoteles ya han cerrado y muchos más lo harán en los próximos días sin esperar a que acabe el verano. Lo normal para los hoteles de temporada es cerrar a finales de octubre, pero este año serán pocos los que se atrevan a aguardar esta fecha. ¿Motivo? La amenaza de cerrar el año con pérdidas a causa de la baja ocupación –de hasta un diez o un 20% por debajo del año pasado– y los descuentos, que ha provocado un bajón de rentabilidad. En establecimientos de tres estrellas se ha llegado a ofrecer en pleno agosto la medida pensión a 18 euros día, cuando lo normal es el triple. Pero aún así los hoteles siguen medio vacíos o por lo menos, por decirlo en términos náuticos, por debajo de su línea de flotabilidad. La crisis ha situado la demanda bajo mínimos y ya nada vale para estimularla, lo que está provocando el cierre antes de la fecha prevista con todas las secuelas económicas y sociales que eso supone para los trabajadores y para la economía de su entorno.
En general los hoteles que han dado por terminada la temporada –en s´Arenal, Portocolom, s´Illot o Magaluf– son antiguos que han ido quedando fuera del mercado, con una clientela de bajo poder adquisitivo que este año ha podido escoger establecimientos de superior categoría o mejor ubicados. Por eso no es de extrañar que el presidente de la asociación hotelera de Cala Moreia- s´Illot haya vuelto a poner sobre el tapete el cambio de usos de determinados hoteles para reducir la oferta y equilibrarla con la demanda. En su opinión la existencia de esta suboferta distorsiona el mercado. Pero ésta es una cuestión de la que los sindicatos no quieren ni oír hablar, porque supondría abrir las puertas a una reconversión incontrolada que no reduciría la oferta, porque pasaría a ser residencial y, por el contrario, supondría la desaparición de miles de puestos de trabajo. Sin embargo, tanto sindicatos como empresarios son conscientes de que la situación actual es insostenible y que algo habrá que hacer.
Algunos de estos establecimientos están en s´Arenal y, por tanto, afectados por las posibles alternativas que se prevén para la playa de Palma, pero eso supone confiar en el largo plazo cuando la situación es desesperante en estos mismos momentos. Habrá que reinventar la Mesa del Turismo y tratar de encontrar soluciones consensuadas entre todos. De alguna manera, en vez de hablar de cierre por fin de temporada, en pleno verano, lo que debería hacerse es hablar de fin de ciclo, entendiendo que la forma de gestionar el turismo que ha sido válida durante décadas ha cambiado radicalmente. Estamos en un año pésimo, pero lo que no tiene sentido es que un hotel abra sólo dos o a lo sumo tres meses. No es rentable ni económica ni socialmente. Algo habrá que hacer para que estos hoteles puedan abrir más tiempo o que, en caso de cerrarse, su destino no sea convertirse en una ruina y "campo abonado para ocupas y ratas", como teme el presidente de los hoteleros de s´Illot.
A lo largo de los años se han barajado diversas fórmulas para afrontar el cambio de uso, pero hasta ahora el acuerdo ha sido imposible. Los hoteles, en su mayoría, están perfectamente amortizados pero no así los puestos de trabajo que generan. La crisis no ha hecho sino acentuar un problema que hoy por hoy parece irresoluble. Sin embargo, no deja de ser una oportunidad para reabrir el diálogo y buscar alternativas.