SEBASTIÀ VERD
Todavía no ha finalizado, pero ya se puede afirmar que éste ha sido el segundo verano más caluroso desde 1971, en el inicio de una década que para las islas supuso su primera travesía del desierto turístico. En este sentido, también es el peor verano de la historia. A las noticias sobre el descenso de viajeros y del gasto turístico, o del cierre, en pleno agosto, de los primeros hoteles de temporada, se sumó ayer la cifra del paro: un 4´3 por ciento más que en julio, pero un 53 por ciento más en relación a agosto de 2008. En definitiva, como subrayaba el presidente de la CAEB, 30.000 empleos menos y 20.000 parados más que hace un año. Una realidad angustiosa frente a la que sirven de muy poco los intentos del Govern por relativizar las cifras. Decir, por ejemplo, que el mercado laboral tiende a estabilizarse porque el paro crezca menos es un sarcasmo inadmisible.
Menos mal que desde la propia conselleria de Trabajo se reconoce que la situación es "sumamente negativa" y que, como ha dicho el president Antich, todos se tendrán que "arremangar". Todos, y en primer lugar, el propio ejecutivo que ve como su pretendida mejora presupuestaria, vía nueva financiación, ha sido neutralizada por la caída de los ingresos. La economía de las islas está bajo mínimos y sólo queda confiar en que se consoliden las economías europeas y 2010 sea el inicio de la recuperación. A grandes rasgos, la mitad de los parados son del sector servicios y la otra mitad de la construcción, sin que los esfuerzos públicos para detener la caída del ladrillo hayan dado los frutos que se esperaba.
Antich lanzó ayer un mensaje dando la bienvenida a "todos aquellos proyectos que den trabajo a este sector (el de la construcción)", lo que no deja de ser un aviso para quienes confiaban en que la crisis supondría el fin del desarrollismo urbanizador de las últimas décadas. En circunstancias difíciles como las actuales cada vez son más los que apuestan para que las cosas vuelvan a ser como antes. Incluso desde los sindicatos se pide, por ejemplo, medidas especiales para que los fijos discontinuos "puedan percibir ayudas económicas con un menor tiempo de cotización". Unas medidas positivas a corto plazo, pero que –como ya ocurrió con la implantación de esta figura– favorecería la estacionalización.
Lo cierto es que dentro de poco el paro oficial, el que contabiliza el INEM, superará los ochenta mil desocupados y que una gran parte puede considerarse ya como un paro estructural que requiere algo más que esperar a que escampe la tormenta. Bien están los 420 euros y otras medidas paliativas que adoptan las administraciones. Pero habrá que hacer algo más para crear nuevos empleos sin tropezar en la misma piedra de siempre.