GUSTAVO CATALÁN
Ladridos de policías, magistrados, fiscales, del Partido en el Gobierno y, por supuesto, de algunos aviesos medios de comunicación. Ladran luego cabalgamos, vienen a decirnos, aunque no aclaren si quien cabalga es el Partido (en ese caso no deben temer: el PP como tal está exento de responsabilidad penal) o la caterva de chorizos que ha medrado bajo sus siglas. Que no es lo mismo, aunque pudiera parecer.
¿En todos lados cuecen habas? Pues a demostrarlo y punto. Como habrá que demostrar la nueva conspiración judeomasónica para ponerlos en un brete que es, precisamente, lo que argüía una dictadura que dicen resucitada y de la que tanto saben los más veteranos entre sus filas, aunque no por haberla sufrido en carne propia, como por fortuna recordamos. Así que déjense de circo; de salir a la arena el señor Arenas para acompañar en el espectáculo a Rajoy, Cospedal u otros cuantos comediantes del digo o el diego a conveniencia. Y es que basta con asistir a la exculpación de Estarás (¡con lo ricamente que estaba, calladita, en Bruselas!) y Simarro para con el portavoz del PP en el Consistorio de Palma, en libertad bajo fianza, y adivinarlos sin ligas: a ellos y de rechazo a todos nosotros tras sus esforzados pujos.
Demuestren primero un acoso ilegal (que igualmente podría alegar el clan de la Paca, aduciendo odio étnico u otra lindeza) y, en consecuencia, exijan responsabilidades, pero no a la inversa, emplazando al Gobierno para seguir en la estrategia del humo mientras que del fuego ni hablar, y es que el irrespirable clima político, en palabras de Arenas, se ha producido lisa y llanamente por la insoportable peste a podrido que desprende su Partido cuando, apartado del poder, ha empezado a ser removido. Escarban, señores míos, guiados por el olor. ¿Acaso el PP ha evitado usar la azada ante el menor efluvio? Y no siempre con éxito, por cierto, lo cual deberían ponderar si aceptasen el envite de comparar un día las habas de uno y otro platillo. Dejaré a un lado la sin par persecución a la ex alcaldesa de Calviá –media docena de juicios sobreseídos– para recordar la turra que dieron respecto al atentado de Atocha. Parecía poco menos que el Gobierno se había conchabado con los verdaderos asesinos y, más atrás, en la década de los ochenta, la directora de RTVE, Pilar Miró, hubo de dimitir tras la presión a que fue sometida por AP y su vocero señor Ramallo. Escarbó sobre terreno duro y no en un lodazal, como es hoy el caso, porque Pilar Miró fue exculpada en el juicio mientras que Ramallo sería suspendido de militancia en AP por corrupto. Miró guardaba sus trajes (de los que conservaba las facturas) en un armario sito en el propio ente público. ¿Habrá hecho lo mismo con los suyos el aforado Camps?
Asistimos, como nunca antes, a un saqueo de dineros que ha dejado de ser anecdótico. A tal extremo, que va siendo hora de escribir un libro, al estilo de Saviano, sobre la mafia. Robos sigilosos o elementales y cutres, como corresponde a un trabajo para el que no se precisa currículo académico ni otro merecimiento, muchas veces, que la ambición y la fidelidad. Vamos pues a dejarnos de apelar a una nueva Inquisición para asumir la igualdad de los ciudadanos ante la ley y es que, cuando sale a colación una malversación de caudales, se alude a un delito y no al trasvase de agua entre cuencas a la que han sido también aficionados. Si el tal (quizá conviniese el plural) se ha embolsado lo que es nuestro o le han hecho una felación en horario laboral como sucedió allende los mares, disimula y no le pillan, ancha es Castilla, por remedar su razonamiento. Pero si le preguntan, conspicuo prócer, ahí se la juega usted o así debiera ser si esta democracia va en serio. De mentir y probarse, lo de menos será si aduce que no eyaculó; que sólo fueron cuatro perras. Esa es la responsabilidad política (pregunten a Clinton) aunque aquí pretendan la manga ancha, disimular trajecitos o unos millones sólo afecte un poquito a la honorabilidad e, incluso con mentiras de más calado (va por usted, señor Aznar), pueda seguirse en el magisterio del dogma.
Espionaje, amenazas de iniciar acciones legales… ¿Quién se lo impide? Pero, entretanto, aténganse a los hechos si su ética da para eso. Es duro cuando juegan en su contra, pero algunos consideramos pedagógico que los presuntos mangantes pasen tres días en el calabozo como ocurriría con cualquier ciudadano de a pie; mucho más formativo en democracia que asistir al sobreseimiento de espionajes informáticos, viajes de puterío o para allegarse unos votos y aquí no ha pasado nada. Aunque se trate de aforados a los que, por cierto, despojaría de su condición a no ser que el término se refiera al aforo como medida de la capacidad de sus bolsillos.
No de todos, por supuesto, aunque con tanta gentuza se haga difícil el particularizar. De seguir los fiscales sin desmayar, no me extrañaría que muy pronto tengamos que buscar a los justos, como Diógenes, con un candil. A no ser que ganen las elecciones y en tal caso, con más aforados, ni con candil.