CAMILO JOSÉ CELA CONDE
Un estudio de Rubén Comas y Jaume Sureda, investigadores de la Universitat de les Illes Balears, ha puesto de manifiesto de manera sistemática y detallada lo que ya se sospechaba: los vicios del "cortar y pegar" han ido en el mundo académico, más allá del uso de las citas y referencias –obligado y legítimo en cualquier trabajo de investigación serio–, a unas prácticas que pueden tacharse de plagio. El factor desencandenante de tales vicios ha sido la aparición de buscadores en Internet de gran eficacia, como Google, que permiten disponer de casi cualquier publicación aparecida en el mundo entero que se refiera al asunto que interesa. Las aplicaciones de tratamiento de textos, capaces de fagocitar frases y párrafos, se encargan del resto.
En realidad, ya digo, tales prácticas eran diáfanas ya para cualquier que se dedique a la docencia. Hace tiempo que es en la práctica imposible encargar a los alumnos un trabajo sin que esa supuesta labor pedagógica de formación derive en un compendio de tópicos extraídos de Internet. Como en la red de redes está toda la información y sólo la información que ha metido alguien, sin que exista ningún mecanismo de evaluación y selección de los textos, el resultado puede ser de puro disparate. Por poner el ejemplo que me es más próximo, el de la evolución humana, una búsqueda en Internet con cualquiera de las herramientas disponibles lleva a que aparezca una cantidad ingente de páginas redactadas por sectas religiosas, como la de los raelianos, que sostienen desde que la vida apareció en nuestro planeta importada por los alienígenas –sin detallar, qué pena, quiénes eran éstos– a que hay pruebas de que los humanos antiguos convivieron con los dinosaurios.
El problema no consiste sólo, pues, en establecer la difícil frontera que hay entre cita legítima y plagio. Al fin y al cabo se dispone a tal respecto de normas ya venerables que indican el método a seguir cuando se está utilizando un material redactado por otro: desde el uso de las comillas al suministro de la imprescindible referencia bibliográfica. La dificultad mayor aparece ligada a la necesidad de que el alumno o el investigador que accede a Internet en busca de materiales para su trabajo use un criterio lo bastante fino como para separar el trigo de la paja. La llegada del plan de Bolonia no va a variar un ápice esa necesidad, que es urgente en estos momentos sin tener que esperar ninguna reforma. Hemos experimentado, sin darnos cuenta a tiempo, la mayor revolución en el mundo de la cultura y la enseñanza desde que se inventó la imprenta, y nos ha cogido el toro en ese proceso. Ahora todo son lamentos y preocupaciones pero la cuestión básica es la misma que había antes de las facilidades de Internet: lo que distingue a la enseñanza y la investigación de calidad de la chapuza y el plagio poco que ver con la picaresca del copy-paste. Se trata de disponer de vocación, talento y capacidad para transmitir la sabiduría. Igual que en los tiempos de Aristóteles.