LLORENÇ RIERA
Por mucho que se viera venir, no deja de ser impactante. Era de dominio público que el juzgado de Instrucción 3 de Palma, la Fiscalía Anticorrupción, el grupo de Delitos Económicos de la Policía y la Agencia Tributaria llevaban por lo menos un año investigando lo ocurrido con la construcción del Palma Arena. El actual conseller de Deportes, Mateu Cañellas ya hace meses que denunció también que el velódromo no homologable por la Unión Ciclista Internacional (UCI), proyecto estrella del gobierno de Jaume Matas, había pasado de los 48 millones de euros presupuestados para su edificación a un coste real "de unos cien millones". Ayer, el gran escándalo, hasta ahora intuido, supuesto o mantenido en términos políticos, quedó confirmado y empezó a mostrar su dimensión real cuando la Policía detuvo a cinco personas, los máximos implicados en la construcción del Palma Arena y entre las que figuran, ni más ni menos, que el actual portavoz del PP en Cort, Rafael Durán y el director general de Deportes del Govern Matas y medallista olímpico, ´Pepote´ Ballester. Al anterior Ejecutivo del PP ya no le queda obra ni proyecto significativo que no esté salpicado por el escándalo o la corrupción y todo ello con detenciones de implicados o cuando menos, denuncia documentada de irregularidades veladas.
En el caso del Palma Arena, cuando la Policía, después de un año de investigaciones, decide, a instancias del juez, detener a cinco personas, entre cargos públicos y responsables de empresas implicadas en el magno –sólo por el volumen– pabellón, evidentemente estamos ante algo más que un descuadre de gestión o una simple desfase contable. ¿Por qué el Palma Arena costó el doble de lo anunciado? ¿Está detallado, documentado y justificado este gasto? Este es la verdadero fondo de la cuestión ante el cual otros asuntos, ahora en boga, como los trajes del presidente valenciano, Francisco Camps, son poco menos que minucias, aunque no por ello justificables.
Vistos los antecedentes de casos o implicaciones similares, resulta complejo aventurar, en términos judiciales o de estricta responsabilidad penal, cómo puede acabar el asunto del Palma Arena al que todavía, sin duda alguna, le queda un largo camino por recorrer, pero, con detenidos de por medio, es incuestionable que se actualizan cuestiones que permanecían larvadas y amañadas en este velódromo concebido para disputar el Mundial de Ciclismo de 2007 y que la UCI invalida por defectos básico y el arquitecto, Sender Douma, viene a repudiar por cuestiones técnicas. La Catalina Cirer que ya se parapetó en el silencio en los asuntos que afectan a Rodrigo de Santos, está obligada a habar ahora que han detenido a su concejal de Deportes y el Jaume Matas que siempre insinúa deseos de explicarse, tiene el imperativo moral de hacerlo al ver entre rejas a otro de sus cargos de confianza, el director general de Deportes. Cirer y Matas son, a fin de cuentas, responsables últimos del Palma Arena.