DIARIO DE MALLORCA
El asesinato de dos guardias civiles por ETA en Palmanova conmocionó ayer a todos los que viven o residen temporalmente en la isla. El impacto de la noticia, brutal por sí misma, y las enormes medidas de seguridad que se establecieron tras el atentado, con el cierre de puertos y aeropuerto, alarmas sobre nuevos artefactos y controles en las carreteras, sumieron a todo el mundo, incluidos los turistas, primero en el desconcierto e inmediatamente después en la repulsa. Todo acto terrorista es condenable ocurra donde ocurra, nada lo justifica, pero ¿por qué Mallorca? Suponiendo que la barbarie tenga una lógica, tres podrían ser las motivaciones de la banda para este ataque: causar el máximo daño posible a las fuerzas de seguridad, como ya quedó demostrado el día anterior en Burgos; hacerlo en un centro turístico de primer orden a sólo una semana de haberse celebrado en Palma el primer consejo de ministros dedicado exclusivamente al turismo; dar un golpe brutal a pocos kilómetros de la residencia veraniega de los Reyes. ETA ya había atentado con anterioridad en la isla. Hace dieciocho años colocó dos artefactos en viviendas de Palma donde residían militares. Y en 1995 intentó asesinar al propio Rey. Pero nunca había matado a nadie y Mallorca era considerada un lugar seguro y poco propicio para actos terroristas. Sin embargo, ETA está acorralada y, por ello, es más temible que nunca. Al matar en Mallorca no sólo ataca a la Guardia Civil sino que se garantiza la primera plana de los grandes medios de comunicación, incluidos los internacionales, siguiendo la misma estela del terrorismo islamista que lleva años atentando contra objetivos turísticos. ETA, además de sembrar muerte, provoca un daño irreparable a la economía de la isla.
Desde la convicción de que los terroristas jamás lograrán sus objetivos, ésta es la hora de la unidad en las condenas, como han hecho todas las instituciones del Estado y, por supuesto, de las islas. La unanimidad de los rechazos y la solidaridad recibida por parte de todos los gobiernos autonómicos, especialmente del País Vasco, demuestra sin paliativos el creciente aislamiento de ETA. Una repulsa de la que Diario de Mallorca participa y se hace eco. ETA es el mayor sinsentido a que se enfrentan los demócratas de este país, un atentado constante a la convivencia, lo que justifica y obliga a utilizar todos los medios disponibles en manos del Estado de Derecho para poner fin a esta lacra. Esta vez las víctimas han sido dos jóvenes servidores públicos. Para ellos ha de ser el recuerdo y el homenaje y para sus familias y compañeros las primeras muestras de solidaridad. La sociedad de Mallorca tendrá oportunidad de dejar testimonio de ello en los actos públicos convocados por las instituciones de las islas.
La prioridad policial en estos momentos es perseguir y poner a disposición de la justicia a los autores e impulsores de la barbarie. Es lo que reclama la sociedad. No obstante, el dolor por los hechos no debe impedir una actuación inmediata por parte del Govern y de los responsables políticos estatales para contrarrestar el impacto negativo que habrá tenido en un turismo que se encuentra en horas bajas por otros motivos. Mallorca, pese a todo, sigue siendo un lugar muy seguro y eso habrá que garantizarlo ante todo el mundo turístico. El lugar elegido por la familia real para pasar sus vacaciones estivales y un territorio ideal para la convivencia entre gentes de origen muy diverso. El turismo es un medio que ayuda al entendimiento entre los pueblos. Ayer Mallorca vivió momentos terribles, de miedo y de inquietud, que poco tienen que ver con su habitual tranquilidad. Restaurar la normalidad lo antes posible ha de ser un objetivo inmediato.