EDITORIAL
Balears cerró 2008 con más de setenta mil parados, un cuarenta y seis por ciento más que el año anterior, un pésimo dato económico y social que recae de manera dramática sobre los sectores de población menos protegidos y que pone de relieve, según palabras de la consellera de Trabajo, Joana Barceló, que nos enfrentamos a "una delicada situación". Delicada por el hecho de que jóvenes e inmigrantes sean los colectivos más afectados, con todos los problemas sociales que ello acarrea y porque, en su mayoría, proceden de la construcción, un sector que se había sobredimensionado en extremo y del que, por tanto, no puede esperarse que vaya a regenerar los empleos perdidos. Ni es posible ni tampoco recomendable, porque no haría sino aplazar, añadiendo más leña al fuego, la solución a los problemas estructurales de nuestra economía. Por eso mismo la propia consellera habla de la necesidad de "establecer un modelo económico con una base sólida que permita dotar de mayor estabilidad a los puestos de trabajo".
Es un hecho innegable que la economía balear creció en la última década sin una estructura suficientemente sólida para hacer frente a una crisis como la actual. El turismo sigue siendo un sector fuerte, que puede diversificarse y hasta desestacionalizarse, pero ya no cabe esperar grandes crecimientos en temporada alta. O, lo que es lo mismo, no es posible pensar que vaya a ser el turismo quien resuelva el desempleo actual sino que habrá que imaginar un modelo diferente o, como mínimo, cambiar de dirección. La crisis no ha hecho sino situarnos ante el espejo de la realidad. Ya no es posible esperar, como ocurrió en pasadas crisis, a que aclare la tormenta para seguir adelante, sino que será imprescindible introducir reformas que eviten los errores del pasado y permitan avanzar en la dirección correcta.
Es cierto que entre los setenta y tres mil parados registrado a fin de año hay un índice elevado de desempleo estacional y que, en este sentido, el paro seguirá creciendo hasta que no se inicie la temporada alta. Será en abril, coincidiendo con la semana santa, cuando se toque fondo y se inicie la esperada recuperación. Sin embargo, hay un dato muy preocupante que ha de tenerse en cuenta a la hora de hacer predicciones: el de las afiliaciones a la seguridad social. Balears ha empezado el año con un cinco por ciento menos de afiliación respecto al inicio de 2008, lo que supone cerca de catorce mil puestos de trabajo materialmente desaparecidos al margen de los casi ciento cincuenta mil que van y vienen de una temporada a otra. Esto y el hecho de que el año pasado el paro creciese en pleno verano demuestra a las claras que no estamos ante un simple fenómeno coyuntural y que, por consiguiente las políticas coyunturales como los fondos municipales y demás inversiones en obras públicas previstas no son suficientes.
Este es el momento de repensar seriamente el modelo económico de Balears, de establecer con rigor las bases de un plan para el empleo y la competitividad que den nuevas expectativas de ocupación a una población que, pese a la crisis, sigue creciendo muy por encima de la media estatal. Las épocas de crisis lo son también de oportunidad para el cambio y eso es lo que hay que conseguir, desde la política -con las ayudas que sean necesarias- y también, por supuesto, desde la insustituible complicidad de los empresarios y demás agentes sociales. No se puede perder más tiempo en discusiones, en estos momentos bizantinas, sobre quién tiene la culpa del paro, cuando el problema está en la capacidad de Balears para generar nuevos empleos y en la formación de los actuales trabajadores, y de las futuras generaciones, para tomar el tren del siglo XXI y garantizar el empleo estable al que se refiere la consellera de Trabajo.