PEDRO VILLALAR
El paro aumenta a pasos agigantados, mes a mes, y a cada ocasión que se anuncia se observan los mismos aspavientos de consternación, cuando el proceso de destrucción de empleo está bien a la vista y responde a reglas bien conocidas. Nuestro país empieza a crear empleo cuando el crecimiento económico ronda el 3%; por debajo de esta tasa, el sistema es incapaz de dar acomodo al incremento vegetativo de la población activa. Y, como es conocido, estamos ya de hecho en recesión, por lo que el decrecimiento de puestos de trabajo es intenso. Y más intenso aún por el hecho de que el sector más deprimido sea el de la construcción, intensivo en mano de obra.
Es exigible que el Gobierno adopte cuantas medidas más o menos voluntaristas estén en su mano pero no debemos llamarnos a engaño: el paro seguirá creciendo aun después de que hayamos tocado fondo. En economía no hay milagros: sólo trabajo y protección social. Y esta protección, que compendia lo más noble de nuestro modelo de civilización, es la que hace sostenible la paz social cuando nos acercamos precipitadamente hacia los tres millones de parados.