al azar

Grande no me debe nada

01.08.2008 | 00:00
Grande no me debe nada
Grande no me debe nada

Vicente Grande apacienta multitudes. El club de sus acreedores cuenta con más socios que el Real Mallorca. Imaginen mi desazón, al comprobar que no me encuentro en ninguno de los colectivos citados. El genio de los negocios que se endeudaba en cuarenta millones de pesetas diarias -sin perdonar domingos y Navidades- no me debe nada, una carencia que me convierte en un paria en mi propia isla. Necesito figurar en esa lista, la envidia me corroe. Hemos de rechazar una sociedad de dos velocidades. Los banqueros con gabinetes de estudios y sueldos estratosféricos no deben tener el monopolio de regalarle dinero a Grande.
Lo noto. No se atreven a decírmelo, pero su mirada desprende conmiseración. Me echarían unas monedas, ni siquiera los billetes de 500 euros que han arrojado a los pies de los promotores inmobiliarios. Los inversores en Grande pasean ufanos por Mallorca, conscientes de haber revitalizado el sistema de castas. "He tirado cien millones de euros de viudas y pequeños ahorradores y aquí me tienes, con el contrato y el riñón blindados. Que se fastidien los beneficiarios de las obras sociales". No desdeñemos la vertiente familiar del conflicto. Hay personas abocadas al divorcio, porque sus parejas no previeron la contingencia de inscribirse en la nómina de acreedores más rutilante del siglo XXI.
No se veía una recomposición semejante desde Brokerval, el mejor invento para perder dinero de los años noventa. Grande no me debe nada, pero me considero en deuda con los creadores de pobreza, que presentan una suspensión de pagos por 600 millones y al mes siguiente los han convertido en 835. Sólo se han equivocado en un cuarenta por ciento, y cuando alguien reconoce que adeuda 835, ¿cuántos debe en realidad? En agradecimiento al espectáculo que brindaba, el Govern le aplazaba en nuestro nombre el pago de los impuestos. Por tanto, abunda en la lógica que el director general de Tributos con el PP figure entre los impolutos administradores de la quiebra. Y yo fuera de juego. No soy nada.

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