Lourdes nos invita a la conversión

13.07.2008 | 00:00

n La Iglesia Universal vive este año el gozo de la celebración del 150 aniversario de las Apariciones de la Virgen María en Lourdes, un pueblecito hasta entonces totalmente desconocido del Pirineo Frances y que hoy se ha convertido en uno de los principales referentes espirituales de católicos y no católicos. Este gran acontecimiento, para bien de todos, se ve agraciado con el favor especial de la Indulgencia Plenaria que el Papa Benedicto XVI se ha dignado otorgar para cuantos este año hagan el Camino del Jubileo. Éste se recorre en cuatro etapas, puntos muy importantes de esta historia mariana, que nos invitan a revivir la fe y los sacramentos.
Lourdes, escondida entre la típica vegetación de la zona, salpicada por el Rio Gave y apoyada entre los primeros contrafuertes pirenaicos fue el lugar elegido por Dios para manifestar la presencia de su Madre entre nosotros. Esta advocación no celebra ningún momento de la Vida de Nuestra Señora ni ninguno de sus misterios: recoge y celebra un hecho personificado por ella misma y vivido por una joven cristiana, llamada Bernadette Soubirous, en tiempos no muy lejanos. La Iglesia ha reconocido el hecho, lo ha avalado y lo ha incluido en el calendario litúrgico universal. El atractivo de Lourdes se difunde en el mundo entero. Es un lugar único para encontrarse a uno mismo; donde el enfermo puede confiar en la cura y recobra alivio y ánimo, al corazón afligido se le brinda un motivo a la esperanza y al joven, a veces dudoso, se le abre el sendero de la fe que lleva a la única verdad. En definitiva, para el cristiano de hoy, Lourdes puede ser un encuentro que signifique la renovación de la propia fe.
Quien ha podido peregrinar a Lourdes experimenta que allí somos invitados a la conversión. Un acto personal, que puede ocurrir de la mejor manera posible: en presencia de nuestra Madre que tan amantísima se muestra con todos sus hijos y que tanto insistió en este fenómeno. La Madre de Dios pedía a la Niña Vidente, hoy Santa María Bernadette, Conversión, Penitencia y Oración, y le decía: "No te prometo la felicidad de este mundo pero si alcanzarás la Gloria del Cielo".
En este Año Jubilar se nos invita a renovar la escucha hacia ese mensaje de María que conduce a Jesús y a renovarnos en nuestra fe cristiana. El Sacramento de la Reconciliación se propone claramente a los peregrinos, y éste, junto con la Oración, la Eucaristía y el compartir, nos ofrece la indulgencia especial del Jubileo. El Mensaje es claro, es un llamamiento a la conversión de los hombres, invitándolos a un cambio sincero de vida, para abrirse finalmente al Reino de Dios. Esta es la gracia especial de Lourdes, donde las conversiones son el milagro que se obra a diario. Allí los peregrinos encuentran una verdadera paz y serenidad que revela un contacto con lo sobrenatural.
Las peregrinaciones a Lourdes son un fenómeno de carácter mundial, constante y masivo. Se calcula que todos los años se concentran allí unos cuatro millones de personas. El pueblo de Mallorca siempre se ha sentido muy vinculado a esta advocación y al santuario que la cobija. Las primeras peregrinaciones oficiales de mallorquines que se recuerdan y que dejaron huella histórica se verificaron en julio de 1883 con motivo del 25 aniversario de las Apariciones y en la que participaron 592 personas; le sucedieron otras como la de 1908, que también marcó fuertemente la vida de piedad de los mallorquines, etc. En toda la geografía de la Isla, la Virgen de Lourdes tiene altares dedicados, capillas levantadas en su honor, grutas que nos recuerdan ese autentico lugar privilegiado y que reciben la veneración y el culto de los mallorquines.
Lourdes cambió el signo a partir de las Apariciones que hoy celebramos. A partir de 1864 se suceden las peregrinaciones y aumentaron de manera tan considerable que la hija de los Sobirous tuvo que retirarse en un convento de Nevers, para poder huir del ajetreo que se apoderaba de su pueblo natal. Desde entonces allí nada ha menguado. Lourdes es hoy centro de irradiación religiosa. Primero atraía el milagro de la curación milagrosa de la enfermedad física; hoy atrae el clima de religiosidad, de pacificación interior. La Virgen sigue creando el clima maternal que despierta confianza, consuelo y conversión.
En definitiva Lourdes es el lugar propicio para transmite día tras día un mensaje actual que urge ser llevado a la práctica: es el mensaje evangélico que invita a la conversión.

Jordi Llabrés Sans es sacristán de Sencelles y del Monasterio de Santa Clara.

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