Siete señores y una señora

 
Siete señores y una señora
Siete señores y una señora 

JUAN JOSÉ MILLÁS Los periódicos del pasado miércoles reproducían el menú servido a los líderes de los países más poderosos del planeta en la cumbre que acaban de celebrar. Se supone que estos señores (entre los que hay, por cierto, una señora: Ángela Merkel) se reúnen periódicamente para hablar de los problemas de un mundo por el que se pasean como por una finca propia. Pero no hablaron del hambre, mira tú. No dedicaron ni un minuto de su tiempo a discutir sobre la subida del precio de los alimentos básicos. No pusieron sobre el tapete la cantidad de personas que mueren cada día por no poder llevarse una torta de maíz a la boca. Bueno, digamos la verdad, sí hablaron, pero para despachar el asunto en dos minutos con una limosna cuyo objetivo no es otro que el de cronificar las hambrunas. Por alguna misteriosa razón, a los países ricos les viene bien la existencia de un ejército regular de hambrientos.
Pues bien, el menú reproducido por los periódicos incluía 19 platos entre los que llamaban la atención el maíz relleno de caviar, los tacos de atún con aguacate, la salsa de soja y shiso, la sopa de almejas o los rollitos de anguila a la plancha envueltos en la bardana (qué rayos será la bardana?). Y así de forma sucesiva. Algunos lectores bienintencionados dirán que la publicación de ese menú constituye una maniobra retórica. No se van a reunir a comer los tipos más ricos del planeta para dar cuenta de unos huevos fritos con patatas. De acuerdo, se trata de una artimaña demagógica. Pero qué haríamos sin la demagogia. Me sumo, pues, a la iniciativa. Diré más: el menú incluía "prepostre" y postre. Lo del prespostre me parece directamente, además de una horterada, un insulto. En cuanto al postre, compuesto por una "Degustación Fantasía del G-8", exigimos que se haga pública su composición. ¿Incluía lenguas tiernas de bebés del tercer mundo? ¿Carrillos al almíbar de africanos nonatos? ¿Ojos al caramelo de embriones de tres semanas?

La cumbre del G-8, en los términos en los que se ha desarrollado, ha sido una indecencia. Esos señores mandarán mucho, tendrán mucho dinero, irán a muchas fiestas, pero son unos sinvergüenzas. Dios los confunda.

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