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Nuevas generaciones del PSOE

 
Nuevas generaciones del PSOE
Nuevas generaciones del PSOE 

MATÍAS VALLÉS En ´Indiana Jones y la última cruzada, Sean Connery interpreta al padre de Harrison Ford. Entre los actores citados hay doce años de edad, por lo que la película los sitúa al borde de la proeza biológica. El escocés es mayor que el norteamericano, por lo menos se respetó la tendencia. En Negocios de familia, a Connery volvió a corresponderle el papel de progenitor, en esta ocasión de Dustin Hoffman. Ambos monstruos de la interpretación nacieron en un margen de siete años, con lo cual el cine forzaba una vez más los límites de la ficción. La invención de vínculos paternofiliales con márgenes tan exiguos recuerda a la obsesión del socialismo de Zapatero, contagiada a la política española, por poner en marcha una ruleta generacional. El ritmo de creación de juventud es tan frenético que se estrena una generación al año.
El énfasis en las nuevas generaciones del PSOE se concentra hoy en Leire Pajín. Al igual que en las películas citadas, la número tres socialista parece de repente mucho más joven que la mismísima Bibiana Aído, aunque nació un centenar de días antes que la ministra. La distorsión se debe a que el espectador está adiestrado en la convicción de que cada incorporación ha de implicar un rejuvenecimiento. Convendría precisar la fluidez entre coetáneos y contemporáneos. Zapatero tiene 16 años más que Pajín, pero no todos los expertos admitirían una ruptura generacional. Sobre todo, desde el momento en que se incorporan a la cumbre de una misma estructura jerárquica.

La historia, esa gran niveladora, acabará triturando el desfase de calendario entre Zapatero y Pajín. Cuando se habla del antiguo Egipto como si fuera una realidad homogénea, se hace abstracción del hecho de que comprende más de tres milenios. Dinastías faraónicas de siglos son concentradas en una única sala de un museo egipcio. El argumento sociológico es más demoledor que el histórico y establece que, en cuanto una persona se incorpora al poder, deja de pertenecer a una generación para subsumirse en el tiempo global del colectivo poderoso. Esta adaptación se advierte incluso, o sobre todo, en la uniformidad del discurso que mimetiza. Tomadas las entrevistas con dos ministros, ¿se puede distinguir la edad relativa de ambos? Si la respuesta es negativa, carece de sentido obsesionarse con la fecha de nacimiento de los integrantes del gabinete.

Entronizar a la juventud como valor absoluto es tan peligroso como menospreciarla. Entre las trampas de los políticos rejuvenecidos, figura la recuperación de una cosmovisión sin contaminar. O sea, la edad como cirugía estética del alma. Obama es joven al compararlo con Hillary Clinton -60- o con McCain -71-, pero cuesta creer que un ser humano forjado en la abogacía y la política pueda mantener una inocencia angélica a los 47 años. Regresando a las nuevas generaciones del PSOE, Rodríguez Ibarra advirtió a Zapatero sobre los peligros de la fascinación por "bebés". Aunque el lenguaje despectivo del presidente extremeño proporciona argumentos suficientes para suprimir políticamente a su generación, en la seguridad de que ninguna otra la empeorará, puso la llaga en la fijación con el récord.
El zapaterismo desea combatir la crisis energética con una juventud pletórica de energía. En cada nombramiento de las nuevas generaciones se destaca que es "la más joven" en ocupar el cargo en cuestión, tal que un inapelable criterio de eficiencia. Al igual que en el chiste de Eugenio, sobre el conductor malherido en accidente a quien se le aparece Dios, también aquí puede rematarse la escena con un "¿hay alguien más?". O quizás, "¿hay algo más?" Zapatero quema generaciones como si fueran rastrojos -aunque se guarda mucho de avanzar la fecha en que, ya decrépito, renunciará a pelear por La Moncloa-, pero en España todo había sido pensado antes por Ortega, aunque no siempre correctamente. Es difícil reconciliar el elixir de la eterna juventud del PSOE con La idea de generación orteguiana y, en medio de su fragor juvenil, los socialistas olvidan que están perpetrando un delito de ageism. No hay ninguna diferencia entre ellos y las empresas que discriminan por la fecha de nacimiento, contratando sólo a personas con buena presencia y mejor edad. Ese comportamiento debería ser intolerable para el partido que ha creado un ministerio de Igualdad, aunque el presidente se redimirá con el establecimiento inmediato de cuotas para setentones.

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