TRIBUNA

Superhéroes desamparados

06.07.2008 | 00:00
Superhéroes desamparados Superhéroes desamparados

Un hombre joven, jugándose la vida -y a modo de "Spiderman" local-, escaló hace pocos días hasta una altura de casi quince metros por la estructura metálica de "Es Bou" de Calatrava, sita en la muralla de Es Baluard del Paseo Marítimo de Palma. Al llegar arriba (a una altura de unos cinco pisos), desplegó una pancarta de protesta.
Unas semanas atrás, acciones similares fueron realizadas en diversas ciudades. Las últimas, en Londres y Bogotá, respectivamente. En la primera, dos varones disfrazados de superhéroes de cómic se encaramaron al tejado de la vivienda de la ministra de Igualdad del gobierno británico. En la capital colombiana, otro grupo de hombres, también vestidos de superhéroes, se encadenaron al monumento a Simón Bolivar.
¿Qué es lo que lleva a hombres normales y corrientes a coincidir en acciones que pueden conducirles a ser detenidos, juzgados, e, incluso -como en el caso de Palma-, a poner en grave peligro su integridad física?
Pregunta de difícil respuesta a priori, empieza a comprenderse si tenemos en cuenta que todos ellos son padres divorciados que -a causa de unas leyes no suficientemente adaptadas a la realidad social de la igualdad entre hombres y mujeres- se ven imposibilitados para seguir ejerciendo como progenitores de sus hijos en condiciones de igualdad con respecto a sus ex parejas.
La pancarta del padre de Palma protestaba, además, de forma expresa contra las denuncias falsas por malos tratos de las que al parecer había sido víctima, y por las que había sido juzgado y absuelto. Y, aunque el Principio de Presunción de Inocencia establece que "toda persona (sea hombre o mujer) es inocente hasta que se demuestre lo contrario", hay que tener en cuenta que hoy día puede ser suficiente con que se presente una denuncia por presuntos malos tratos (sin prueba adicional alguna, aparte de la mera versión de la propia denunciante) para que -por lo pronto- un hombre sea detenido, esposado (en su hogar, su lugar de trabajo, ante sus vecinos, sus hijos, etc.), y conducido a dependencias policiales donde previsiblemente pasará alguna noche en un calabozo antes de ser puesto a disposición judicial. Además de la alta probabilidad de que se dicte contra él una orden de alejamiento, que dificultará su relación con unos hijos por cuya custodia quizá estaba luchando.
¿Daños "colaterales" inevitables en la lucha contra la violencia doméstica? No tan inevitables. Porque algo puede hacerse para prevenir tales abusos.
En relación a ese tema, D. Francisco Serrano Castro, Magistrado titular del Juzgado de Familia nº7 de Sevilla, declaró el pasado mes de junio en una entrevista a la prensa que, por su propia experiencia, sólo el 15% de las denuncias que llegan a los Juzgados de Violencia contra la Mujer tienen una base real de maltrato. El 85% restante obedecería a otras motivaciones. Y al hilo de dichas declaraciones (aunque discrepando en las formas), la Consejera de Igualdad y Bienestar Social del Gobierno Andaluz ha manifestado públicamente algo que a veces tiende a olvidarse: concretamente, que "una denuncia falsa es un delito", que si se tiene constancia de que hay denuncias falsas hay que "aplicar el código penal", y que "si una mujer utiliza una denuncia falsa de malos tratos con el objetivo de agilizar un proceso de separación o divorcio tiene que recibir una sentencia ejemplar".

Probablemente esta última lleve razón. Porque las denuncias falsas que, en ocasiones, se interponen de forma meramente instrumental (para presionar a hombres durante procesos de divorcio, dificultando así a aquellos poder relacionarse con sus hijos), no sólo afectan negativamente a esos hombres. Paradójicamente -y de forma muy especial-, perjudican también a las propias mujeres que, desgraciadamente, sí son víctimas de malos tratos. Porque esas denuncias falsas y sin fundamento contribuyen a colapsar, tanto las unidades especiales de Policía creadas para ayudar a las verdaderas víctimas, como los propios Juzgados de Violencia contra la Mujer, entorpeciéndolos y desbordándolos hasta dificultar su necesaria eficacia.

Por tanto, quizá la solución sea el efectivo procesamiento y condena -en su caso- de las autoras de denuncias falsas (y de quienes puedan estar aconsejándoles en esa estrategia), al objeto de poner fin al actual despropósito. Ello no sólo protegería a los hombres falsamente denunciados (cuyas vidas son prácticamente destruidas por esa otra "violencia de género"), sino -muy especialmente- a las propias mujeres víctimas reales de actos violentos, de cuya terrible desgracia (y consecuente alarma social) ciertas féminas sin escrúpulos se están aprovechando.
Mientras tanto, algunos padres hacen actualmente lo único que está a su alcance para denunciar públicamente dicha situación. A veces -como hemos visto recientemente-, mediante acciones rayanas en una temeridad fruto, a partes iguales, de la convicción y la desesperanza.
"Mi padre, mi héroe", se tituló una película francesa en la que Gerard Depardieu daba vida al divorciado padre de una adolescente. "Mi padre, mi ´superhéroe´ ", podrán decir, de los suyos, muchos niños y niñas en el futuro.
Superhéroes, sí. Pero sin más "superpoder" que su amor por sus hijos.

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