Cierre por liquidación

 
Cierre por liquidación
Cierre por liquidación 

SEBASTIÀ VERD Estamos en tiempos de rebajas, pero lo ocurrido en el supermercado de la droga de Mallorca no tiene nada que ver con la temporada de descuentos sino con un cierre obligado, cierre por liquidación, y eso que el negocio debía funcionar bastante bien a tenor de la recaudación del día -600.000 euros en metálico- que se incautó la guardia civil y el lujo desmedido que los dueños escondían tras las chabolas de Son Banya. Esperemos que sea así, que la operación Kabul suponga el cierre definitivo de la venta de droga en el poblado y en todas las sucursales que ´La Paca´ mantenía abiertas en la isla. Era un escándalo intolerable. De lo que se trata ahora es de evitar que la situación vuelva a repetirse, que nuevos clanes, o los mismos desde la sombra, vuelvan a la carga y, como otras veces, se repita la historia. Y, en definitiva, que el poblado gitano y quienes vivían allí prisioneros de los narcotraficantes tenga suficiente tranquilidad como plantearse su futuro sin presiones.
La situación era insostenible. No es la primera vez que Francisca Cortes, alias ´La Paca´, su marido, sus hijos y todo su clan tienen que vérselas con la Justicia, pero hasta el presente siempre habían salido más o menos bien librados. Incluso se permitían el lujo de exhibir su poder concediendo entrevistas en las que un día se parapetaban tras una imaginaria conversión religiosa y otro alardeaban de tener que haber trabajado a destajo para ganarse la vida, mientras el ferrari del hijo estaba aparcado a las puertas de un mundo de miseria que, en este caso, no tenía nada de irreal. De poco servían las periódicas incursiones de las fuerzas de orden público en el poblado. Ni el cerco que a veces se imponía, al que los de dentro respondían a pedradas. El negocio se reponía enseguida ante la atónita mirada de una opinión pública que no entendía las razones de tanta impunidad.

Según el delegado de Gobierno, Ramon Socias, el objetivo principal de la operación Kabul ha sido, evidentemente, cerrar las puertas del supermercado de la droga, pero al mismo tiempo "acabar con la sensación de impunidad" que tenía ante todo el mundo. Se servían de Son Banya para enriquecerse con los estupefacientes. Hasta doce quilos de distintas drogas fueron decomisados el día de autos y su riqueza puesta a buen recaudo: automóviles de alta gama para los jóvenes hijos de la delincuencia, caballos de carrera y hasta quinientos gallos de pelea. Era todo tan evidente que resultaba difícil intervenir. Se han tardado más de siete meses en coordinar la operación, para que ningún cabo quedase suelto, aunque el tráfico de droga a través de Son Banya no fuese cosa ni de ayer ni de anteayer sino de toda la vida.
El mercado de Son Banya ha cerrado por liquidación forzosa. Ni ´La Paca´ ni el resto de su clan eran ciudadanos ejemplares y lo peor es que ni siquiera tenían necesidad, como otros, de pasar desapercibidos. Su exhibicionismo era una vergüenza intolerable, pero desgraciadamente no son los únicos traficantes de droga de la isla. Y algunos, por supuesto, incluso peores aunque no tan conocidos. El hecho es que mientras haya consumidores habrá quien pretenda beneficiarse de este negocio ilegal. Pero, por lo menos, con la puesta a disposición de la Justicia de quienes se vanagloriaban de ser los amos del mercado la sensación de impunidad desaparece. O se esconde. ¿Hasta cuándo?

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