Inmigrantes ¿qué hacer con los legales?

21.05.2008 | 00:00
Inmigrantes ¿qué hacer con los legales? Inmigrantes ¿qué hacer con los legales?

Cuando vienen mal dadas, los eslabones más débiles de la cadena social son los que lo pasan más canutas. Aunque nuestras cifras negativas sean menos preocupantes que en el resto de España, el paro también afecta a nuestra Comunidad, especialmente en construcción. Y dentro de este colectivo, según las cifras oficiales, los trabajadores procedentes de la inmigración están especialmente afectados. El asunto no es baladí por las reacciones que puede provocar.
Hasta ahora no se percibía a los inmigrantes legales como competencia laboral, simplemente porque éstos ocupaban en su gran mayoría puestos de trabajo que los autóctonos no cubrían. Pero la situación ha cambiado.
El trabajador "local" puede considerar al trabajador "inmigrante" legal, que está en situación de paro y percibiendo el seguro de desempleo, como competidor por un mismo puesto de trabajo. Resulta muy significativo que el pasado mes de febrero, todavía no inmersos en plena recesión, más de un 37 por ciento de los mallorquines consultados opinaran que "si un inmigrante se queda sin trabajo (?) tendría que ser expulsado". Mucho me temo que este porcentaje hoy sería mayor.
Dentro de esta dinámica no deja de llamar la atención que el nuevo Ministro que tiene a su cargo la inmigración, Celestino Corbacho, plantee la posibilidad de "facilitar" el regreso a su país de origen a los inmigrantes legales, algunos de ellos con años de residencia entre nosotros, adelantándoles si es preciso los euros correspondientes a su seguro de desempleo. Como escribía Soledad Gallego-Díaz: uno de los argumentos subyacentes puede ser "la mejor manera de que no exista racismo es echar a los negros", intentándonos vender que se trata de facilitarles el regreso por razones humanitarias.
El segundo asunto merecedor de atención es el denominado proceso de "reagrupación familiar". En la inmensa mayoría de casos, cuando una persona decide emigrar de su país lo hace con intención de regresar. Suele emigrar en solitario, hombre y/o mujer, dejando a sus más próximos (frecuentemente hijos) al cuidado de sus parientes. Lo que suele ocurrir con excesiva frecuencia es que la situación socioeconómica de su país que le ha conducido a emigrar no sólo no ha mejorado, sino que incluso ha empeorado. Mientras esta persona inmigrada ha ido, lentamente y con muchas dificultades, consiguiendo un trabajo, alquilar un piso? Como es lógico, trascurridos años en tal situación sin posibilidades reales de regreso, se plantea el reunificar aquí a sus familiares más próximos. En muchos casos se trata de sus hijos que hace años no ha visto. Nuestras leyes posibilitan tal reagrupación. El proceso es largo y complicado pero, al menos en teoría, posible.

Pero hoy comienzan a oírse voces reclamando que se dificulte todavía más el proceso de reagrupación. El argumento es sencillo y claro: en la mayoría de casos, especialmente cuando se trata de hijos menores, posibilitar que tales personas puedan trasladarse aquí con sus familiares significa aumentar los gastos en servicios públicos sin que aporten como contrapartida ni un euros. Léase, entre otros, educación y sanidad. El razonamiento es impecable, pero perverso. Tales personas, inmigrantes legales, han sido fundamentales para garantizar en tiempos de vacas gordas nuestro crecimiento económico. Pero ahora, que nos vienen mal dadas, comenzamos a considerarlos como un inconveniente por el uso que hacen de los servicios públicos, aunque al tratarse de legales hayan cotizado a la seguridad social y pagado sus impuestos. En román paladino los consideramos como una mercancía de usar o tirar en función de su utilidad.
Termino afirmando que no pretendo pecar de ingenuo, negando el problema. Pero sí afirmo que no se puede "solucionar" simplemente negando a tales personas, porque son personas aunque sean inmigrantes, negándoles el pan y la sal. Son ciudadanos como nosotros, después de años de convivencia en un mismo territorio, con nuestros derechos y deberes. Para que no se me acuse de paternalista, realzo también sus deberes además de sus derechos.





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