R. PAGÉS. ALICANTE.
Sus ojos todavía se humedecen al recordar todo lo que han vivido desde aquella noche del 17 se octubre de 2007 en la que se produjo el asesinato de su padre y están dolidas, sobre todo, por las especulaciones que se propagaron acerca de que podría tratarse de una cuestión relacionada con la faceta íntima del primer edil. "Mi padre no tenía enemigos ni nada raro en su vida personal que pudiera llevar a alguien a matarlo. Esto parece de película", manifestó María, para después respaldar la tesis de los investigadores sobre el móvil urbanístico que podría haber tras la muerte de Alejandro Ponsoda.
Además, el crimen de su padre no es la única espina que cada día les hace mella en el corazón. María tenía entonces 25 años. Fátima contaba con 27 y estaba embarazada de su único hijo. El pequeño nunca conoció a su abuelo. Pero además, poco después del asesinato de su padre, el abuelo de ambas, que es quien lo encontró acribillado a balazos en el coche a las puertas de su casa, tampoco pudo sobrevivir a la tragedia. "Mi abuelo murió sin saber quién había asesinado a su hijo, y eso es muy duro y muy fuerte".
Al poco del entierro del primer edil, Cano "se preocupó por que el pueblo estuviera bonito para las Navidades, con muchas luces y adornos. Ahora, nosotras estamos satisfechas, contentas no, porque a nuestro padre no nos lo van a devolver, pero por fin podremos pasar unas navidades tranquilas"ç.