Gibraltar es un dolor de muelas recurrente para los gobiernos español y británico. Nunca pasa un año entre trifulca y trifulca. Aunque en esta ocasión ha hecho falta mucho menos tiempo: en apenas seis días han aflorado dos conflictos en aguas del peñón. El primero quedó zanjado el viernes, cuando el embajador británico, Giles Paxman, fue convocado por Exteriores para pedirle explicaciones después de que la Guardia Civil viera a una patrulla británica hacer pruebas de tiro contra una boya con los colores de la bandera española en aguas cercanas al Peñón. Paxman pidió disculpas, criticó la falta de sensibilidad de su Armada y se comprometió a investigar, aunque aclaró que la boya tenía los colores amarillo y rojo, pero no había sobre ella ninguna bandera –pese a que las imágenes tomadas por la Guardia Civil dejan lugar a pocas dudas. Moratinos consideró que esta explicación dejaba el asunto "perfectamente clarificado". Aunque Londres no ha querido dejarlo correr: ayer mismo salía a la luz la exigencia de que la Guardia Civil no patrulle junto al peñón.Y no deja de ser curioso: la advertencia se conoce ahora, pese a que los hechos ocurrieron en septiembre.