Secuestro. Los piratas han creado guetos privilegiados con los millones recaudados en los rescates
SELINA OTERO. A CORUÑA.
"Los intrépidos piratas somalíes están construyendo fastuosas viviendas de piedra, paseándose en autos de lujo, casándose con mujeres hermosas y hasta contratando proveedores de comida para que cocinen platos occidentales para sus rehenes. Los piratas dependen de nosotros y nosotros nos beneficiamos con ellos". Así describía el nuevo escenario del pirateo en la costa somalí hace unos meses Sahra Sheik Darhir, propietaria de un negocio en Haradhere, uno de los puertos refugio controlado por los corsarios. Precisamente, fue allí donde desembarcaron la semana pasada a tres tripulantes del ´Alakrana´ como medida de presión en lo que se presenta como la recta final de este secuestro.
En 2008, las bandas piratas que operan en el Cuerno de África recaudaron 45 millones de euros en rescates, cantidad muy superior al presupuesto anual de toda la región de Puntland, que no alcanza los 30 millones. La actividad delictiva en 2009 se ha disparado por lo que, el botín del actual ejercicio será, si cabe, mayor. El pasado mes de abril, los corsarios mantenían retenidas, a la espera de negociar el rescate, 20 embarcaciones y 300 tripulantes, cifra récord en los tres últimos años pese a la creciente presión internacional sobre ellos. Tras liberar a la mitad, en la actualidad son unos diez buques y 200 hombres los que aguardan, en régimen de cautividad y sumisión, el regreso a sus casas.
Por cada rescate cobran entre 200.000 y 2,3 millones de euros. Todo este ritual del abordaje, presión, negociación y rescate, ha dado lugar en los últimos ejercicios a una industria de la piratería todavía impune que alardea, a pasos agigantados, de lujo, riqueza y privilegio en un estado sin timón desde hace décadas en el que la pobreza ha encontrado una vía de escape muy atractiva.
Las ciudades costeras del norte, como Haradhere, Eyl y Bossasso, se han convertido en puertos refugio de lujo, donde las mafias del pirateo invierten gran parte de lo obtenido en los rescates. Además de la ostentación con bienes propios, contribuyen al desarrollo de la economía local, de modo que los habitantes del norte de Somalia ven con buenos ojos el movimiento monetario que se está forjando a su alrededor y del que se benefician, aunque sea en un pequeño porcentaje; suficiente para huir de un pasado con escasos recursos. Los rehenes pasan temporadas en estos lugares, tal y como ocurrió con el matrimonio británico Paul y Rachel Chandler, ocultos en la ciudad de Bahdo ´conviviendo con tribus´ hasta que se pagó su rescate. ´The coastal region of Putland is booming´ (La región costera de Puntland está en auge). Así describía la BBC a finales de 2008 la nueva vida en la cuna del pirateo somalí. "Construyen lujosas casas, compran coches caros y ahorran para adquirir armas y lanchas más sofisticadas" para mayor operatividad en los secuestros.
Eyl, con sólo mil habitantes y con una tecnología punta que nada tiene que envidiar a las capitales europeas, es un ejemplo de los lujosos guetos alimentados por la industria de la piratería. "Es normal ver llegar en todoterrenos a hombres trajeados con sus portátiles presentándose como los gestores de los piratas o los negociadores de los ladrones", según noticias internacionales llegadas, medio en secreto, desde el Cuerno de África. La pequeña ciudad de Eyl se ha convertido en un pilar fundamental para corsarios y rehenes. Pueblos que parecían predestinados a la pobreza están llenos de 4x4, restaurantes y cafés con internet.