Reportaje. Seis años después de desatar la ira de Bush, ZP se reconcilia con la Casa Blanca de Obama
A. MAGRO. PALMA.
12 de octubre de 2003. Día marcial: España celebra la Hispanidad con un desfile de tropas por Madrid. En él participan los tres ejércitos, la Guardia Civil y la cabra de la legión. También lucen uniforme los marines y su bandera de barras y estrellas. En el palco, Zapatero se viste de jefe de la oposición pacifista y descarado y no se levanta al paso de la enseña del tío Sam. El presidente Bush, que aún no se había convertido en el líder americano más impopular desde Nixon, monta en cólera. Aznar, que aún no se había convertido en el presidente que jugueteó con la opinión pública tras el atentado del 11-M, no hace mucho por limar asperezas. Resultado: Zapatero cae en desgracia para Bush meses antes de llegar al poder en sustitución del tercer hombre de la foto de las Azores, el mismo Aznar que ponía las tropas españolas a los pies de EEUU a cambio de poner sus propios pies en la mesa del rancho Bush –hasta hoy ningún líder español visitó tanto la Casa Blanca como Aznar.
La primera decisión del nuevo líder, aquel Zapatero que inició la guerra de la sentada, es retirar las tropas de Irak. Bush le borra definitivamente de su lista. Zapatero no entra en el eje del mal, pero casi: durante cuatro años las relaciones entre ambos países se reducen a cero. Hasta que aparece Obama, que cita a Zapatero para el 13 de octubre, Día Mundial del Huevo y jornada posterior a ese 12 de octubre que es el aniversario de otro huevo: el de Colón y su fiesta de la Hispanidad, día marcial en el que comenzó la guerra de la sentada. Ahora toca la paz del huevo.