JOSÉ CAVERO
No es frecuente que lleguemos a conocer el nombre de los etarras detenidos o encarcelados. Ni siquiera a los jefes de la banda. Hay que tener en cuenta que se aproximan ya a los ochocientos los detenidos, y que los jefes de ETA han ido cambiando con extraordinaria rapidez en los últimos años. Pero, de vez en cuanto, una incidencia hace que nos quedemos con el nombre de un etarra que se hace distinguir por sus insultos a un tribunal, por sus amenazas, o, como en el caso presente, por su fuga. Nos referimos, claro está, a la etarra Aranalde, cuya fotografía se ha reproducido tras su fuga.
El juez Garzón, que se incorporaba a su juzgado de la Audiencia tras las vacaciones de agosto, reprochó a su colega el juez Velasco el hecho de que no hubiera tenido en cuenta el riesgo de fuga de la etarra, y ordenara la captura y prisión de la etarra..., pero ya era tarde. El pájaro había volado, y posiblemente se esconde ya en el santuario francés o acaso incluso en algún otro santuario más lejano e inalcanzable. En efecto, el caso Aranalde da comienzo con un extravío de un documento por las autoridades judiciales y policiales francesas. Por causa de este extravío, Aranalde, que ha cumplido pena de cárcel en Francia, es traslada a España para seguir cumpliendo una condena por su participación en la colocación de bombas en gasolineras, pero el juez la pone en libertad.
Y en pocas horas, la terrorista, recibida con homenajes en su pueblo natal, desaparece y deja tras de sí el error que encaja Rubalcaba: ha habido un fallo burocrático, y habrá que volver a detenerla... El error se produce al término de un mes especialmente severo e incluso atroz para la banda terrorista ETA, que había comenzado el verano con importantes destrozos materiales y humanos: el ataque de Burgos y el doble atentado, con dos víctimas mortales en Mallorca hicieron temer un verano de espanto. Pero la detención del grupo de los distribuidores de los artefactos etarras entre sus comandos, frenó de manera fulminante la escalada, y llegamos a contar quince zulos con explosivos.
Y en esta escalada de satisfacciones, se produce el múltiple traspiés que protagoniza Maite Aranalde. Múltiple por el extravío de un documento, por su puesta en libertad, por las celebraciones de sus compañeros etarras o proetarras, y finalmente, por su desaparición y fuga. Pero es seguro que volveremos a tener noticias de la etarra minifaldera, de falda morada, que reapareció entre sus paisanos portando una ikurriña y en medio del correspondiente festejo que producía su puesta en libertad. "Hay una orden de detención, y la vamos a detener", dijo Rubalcaba...